Así se promueve la lectura en la primera infancia. Algunos consejos de Flecho 2019

Si te has preguntado como crear un plan de lectura en tu hogar o en el aula para animar a los más pequeños a amar los libros (hijos, sobrinos, estudiantes, amiguitos cercanos), los siguientes consejos te pueden ser muy útiles. Este es un artículo escrito por el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad de Medellín, como parte del Especial Flecho 2019. ¡Anímate a leer y compartir! Recuerda que la promoción de la lectoescritura es una valiosa herramienta para construir la paz en nuestras comunidades.

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Docentes, formadores y facilitadores de hogares infantiles y de diferentes instituciones educativas, se reunieron en la Biblioteca Departamental Arnoldo Palacios con los promotores de lectura y escritores invitados a la Fiesta de la Lectura y la Escritura del Chocó. Foto cortesía Flecho.

Cuando se está bajo la responsabilidad de la educación de niños y niñas son muchos los detalles que los cuidadores tienen por resolver. Suelen primar las necesidades inmediatas: propiciarles un lugar sano y seguro, alimentarlos, consolarlos y limpiarlos, una labor que exige mucha energía y paciencia de quienes están a cargo.

Estas tareas terminan siendo una especie de maratón, más aún cuando se trata de cuidar a un grupo numeroso, como pasa en la mayoría de jardines y hogares comunitarios en Colombia. A veces, por tener que pensar en tanto al mismo tiempo, se pasa por alto lo que no debe faltarle a ningún niño ni niña: el afecto, el juego, la palabra, la fantasía.

En la tarde del sábado 22 de marzo de 2019, más de doscientas docentes, formadores y facilitadores de distintas instituciones educativas y hogares infantiles de Quibdó, participaron en un encuentro de formadores, educación, escritura creativa y promoción de lectura. Durante la jornada, las maestras conocieron las experiencias de distintos promotores de lectura: las de Laura Acero y Arco González, del Bibliocarrito R4, las de Martín Murillo de la Carreta Literaria, y las de la escritora Andrea Mejía y la socióloga Andrea Doria. Convertimos las memorias de este evento en un kit de consejos que pueden ayudarte a promover la lectura entre los más pequeños.

Consejos desde un Renault 4

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Laura y Arco dispusieron en el escenario del encuentro una muestra de su arsenal didáctico, libros de literatura infantil, instrumentos musicales, papeles de colores, muñecos de trapo y un teatrino. Les contaron a las maestras que su proyecto surgió en el 2015, el mismo año en el que nació su hijo y decidieron dejar la zona urbana de Bogotá para irse a vivir a la vereda El Verjón, en los Cerros Orientales.

En ese lugar, contó Laura, se dieron cuenta de que los niños no tenían acceso a programas de la lectura. Sumando a las difíciles condiciones de la vereda, la comunidad no tenía ni acueducto ni centros médicos, mucho menos, biblioteca.

La pareja decidió convertir su blanco Renault 4 en una biblioteca itinerante sobre ruedas. Desde entonces, han recorrido el campo cundiboyacense y  otras zonas del país buscando un sitio donde aparcar su carro, ojalá bajo la sombra de un árbol y en algún parque público, para abrir el maletero lleno de títulos infantiles y disponerse a compartir historias, hacer talleres creativos, presentar una obra de teatro en el pequeño teatrino o sacar sus instrumentos musicales y dar un concierto sorpresa.

Las maestras escuchaban sus consejos y anotaban en sus libretas algunos tips de la lluvia de ideas que ellos compartieron. El principal, y más importante, fue que definitivamente la promoción de lectura es poderosísima, una propulsora del proceso educativo de los niños que detona la percepción sensible sobre la realidad, la receptividad en la comunicación, el despertar creativo y la capacidad de desplegar diferentes posibilidades que, muchas veces, por las condiciones del entorno, no parecen una opción.

“No saber leer letras no es un motivo si quiera para negarse a contar historias, pues existen libros de solo imágenes, y cualquiera, con un poco de imaginación y voluntad, puede interpretarlos en cualquier idioma”, les dijo Arco mientras les enseña algunos de esos libros.

Pero, ¿cómo empezar a hacer planes con otros para leer y compartir lo leído? Laura indicó que lo primero es agarrarse de lo que se tiene a la mano, revisar el entorno, ser recursivo. Por ejemplo, si solo hay una mochila, pues que esa sea la casa de los libros, “¿qué tal hacer una mochila de historias viajeras? Y si el problema es que no hay libros, se pueden hacer los propios”.

Laura sacó una hoja de color naranja, le hizo varios dobleces cuadrados y rectangulares hasta convertirla en un pequeño libro de origami. Fue tal en entusiasmo en el auditorio, que Arco debió repartir papeles entre las asistentes, quienes de inmediato se animaron a hacer sus propios libritos. “Este puede ser el primer libro de un futuro lector. Se puede llenar con adivinanzas, la descripción de un día en la vida, una anécdota, un recuerdo e incluso se le pueden pegar hojas de plantas, palitos o flores”. Hacer el propio libro es algo insólito, una experiencia deliciosa, explicó Laura, que nos conecta con la lectura de una manera especial.

Consejos desde una carreta de libros

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“Nosotros somos unos andariegos de la promoción de lectura, aquí no hay teorías fantásticas”, comentó Martín Murillo el creador del proyecto La Carreta Literaria. Martín nació en Quibdó, Chocó, pero vive en Cartagena. Es famoso en el mundo de la animación de lectura y en los eventos culturales, pues desde hace 12 años viene recorriendo los pueblos más recónditos de Bolívar llevando historias y libros a quienes se encuentra en su recorrido. “He llegado a recorrer cientos de kilómetros en búsqueda de un solo lector”, dijo Martín.

“Acá lo fantástico, en realidad, es la conexión con el otro. En la primera infancia es cuando empieza el formateo del cerebro y ahí es cuando la lectura puede consolidar un proceso educativo más efectivo. Pero este no queda registrado en las planillas ni en los informes, se evidencia cuando ustedes, años después, se encuentran a ese niño hecho ya un muchacho, en un supermercado, y él las reconoce y las saluda”, agregó Martín y las profesoras asentían dándole la razón mientras lo veían levantarse de la silla, tomar uno de los libros del pequeño cerro que puso en el escenario y leer Cuack, un pequeño libro ilustrado.

Una vez se da esa conexión con los libros, estos siempre van a estar presentes, aseguró Martín, por eso su consejo es mantener un libro a la mano, en el bolso, en la cabecera de la cama o en la mesa de noche, no importa que el tiempo de lectura sea corto, lo fundamental es la constancia.

Otra estrategia para acercarse a la lectura, dijo Martín, es quizás la más natural y accesible: ir a una biblioteca, ojalá en familia, prestar algunos libros y luego sentarse en la sala de casa a leerlos, y si no es posible, entonces juntarse a contar historias de la sabiduría popular.

También recomendó que antes de leerle a los niños el animador, profesor o promotor debe haber leído primero las historias que va a compartir, para ser más creativos a la hora de narrar y, por ejemplo, “hacer las propias versiones, de acuerdo al contexto, de los cuentos clásicos”.  Todavía más importante: no tener miedo a equivocarse.

Consejos de Andrea Doria y Andrea Mejía

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Para cerrar la tarde de consejos, la promotora de lectura Andrea Doria y la escritora bogotana, Andrea Mejía, compartieron algunas reflexiones a las maestras. “Leer es una alegría que no cuesta nada. Es un espacio de libertad”, dijo Mejía al empezar, y contó que los libros fueron su refugio desde niña, leyendo fue como ella aprendió a escribir. Cuando algo en una lectura la maravilla, ella se devuelve a leer detenidamente para aprender cómo fue que el autor logró tal encanto.

Por eso, “más importante que haya escritores es que haya lectores. Podríamos hablar de lectores creativos, porque solo si uno escribe para ser leído tiene sentido. Y claro, eso se logra poniendo el corazón en lo que uno está leyendo”.

Cuando Andrea Mejía era profesora en un instituto para niñas, se llevaba a las estudiantes a leer a una manga, hacían una ronda y les empezaba a contar una historia, elegida previamente, una que a ella le hubiera encantado. “Prestaban mucha atención, pero cuando sonaba el timbre para la siguiente clase, se ponían tristes, ese era mi momento de triunfo. Para poder enamorar a otros de la lectura esta tiene que haber pasado por el cuerpo, tiene que haberte emocionado”.

No hay que inventar extrañas fórmulas para motivar a otros a leer, explicó Andrea Doria, se necesitan acciones simples pero sinceras. A ella, por ejemplo, le encanta mezclar los libros con música, es uno de sus anzuelos a la hora de buscar lectores. Y el instrumento más fácil accesible y universal, es la propia voz, o las palmas de las manos.

Consejos de las docentes

Las últimas reflexiones, al final del encuentro, las hicieron las mismas docentes. Dejaron la timidez y se animaron a contar sus experiencias. Varias de ellas contaron que en sus aulas la lectura es imprescindible, un vehículo en el que se montan y llevan a viajar a sus estudiantes, a quienes además invitan a participar de esas narraciones, permitiéndoles reinventar posibles cursos de la historia o crear distintos finales.

Dijeron, además, que hay otras formas de leer, como las expresiones artísticas, las cuales también se vuelve palabra. Observar de qué manera pintan, rayan, trazan puede decir mucho de lo que los niños no manifiestan verbalmente. Por medio de esos dibujos, ellas logran descifrar si están felices o incluso si están pasando por alguna situación preocupante. La fuerza de un rayón, los colores que eligen son un grito de alegría o de auxilio.

También está la forma como los niños y las niñas mueven el cuerpo, las expresiones faciales, las miradas, las carcajadas y las lágrimas. Es necesario que en medio de la acelerada y agotadora rutina diaria que exige el cuidado de los más pequeños, los cuidadores nunca bajen la guardia y tenga de asistente a la imaginación, para que además de limpiar mocos, cucharear, arrullar y procurar que no se hagan daño, puedan leer a esos niños y niñas que, con cada gesto, dibujo o sonido, están narrando lo que sienten, están escribiendo su propia historia.

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Este artículo hace parte de un especial de contenidos sobre la Fiesta de la Lectura y la Escritura FLECHO 2019 que se celebra en Chocó, Colombia. Hecho en colaboración con el Plan Ciudadano de Lectura, Escritura y Oralidad de Medellín y el equipo de comunicaciones de FLECHO.

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Fotos: Cortesía Flecho.

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