“Yo vine fue a buscar la paz”: testimonio del padre de Dimar Torres, excombatiente asesinado

José Manuel Torres Lindarte viajó desde Norte de Santander a la sede de la Comisión de la Verdad en Bogotá para contar el testimonio de los sucesos del día 22 de abril de 2019 en el municipio de Convención, cuando su hijo Dimar Torres Arévalo fue asesinado. Dimar era un excombatiente del Frente 33 de las Farc y firmante del Acuerdo de Paz. Este testimonio fue concedido durante el Encuentro de Escucha que propició la Comisión de la Verdad, el 9 de marzo de 2020. Compartimos este testimonio como parte del especial La paz en la voz de excombatientes de las Farc.

Especial_La paz en la voz de los excombatientes

Esto, lo que les voy a decir, es la verdad de lo que le pasó a mi hijo Dimar Torres, en la vereda Carrizal a las cinco de la tarde: fue asesinado por un teniente, un cabo del ejército y cuatro soldados. Lo mataron, no se supo porqué. 

Él hacía dos años había firmado el proceso de paz. Él con lo que le estaban pagando, me estaba manteniendo a mi, manteniendo a la mamita, y manteniendo a la mujercita.

Él salió a miraflores a comprar dos rubras y una pastilla, porque él sufría del colon. Se regresó a la casa y detrás, en la moto, venía un chino, de 14 años. Cuando venían llegando donde estaba el ejército, hicieron devolver el chino y dejaron pasar a Dimar. Cuando el chino iba más arriba, oyó los tiros. Entonces, dio la vuelta por una vereda llamada Halcones, llegó a La Victoria, y de La Victoria llegó a Campo Alegre, dónde vivía Dimar. Y preguntó:

–Papá ¿llegó Dimar? 
–No ha llegado, no ha llegado. 

Entonces, hicieron gente y salieron a buscarlo.

Dijo el papá del muchacho, “parece que a Dimar lo tiene detenido el ejército o lo mataron porque el hijo mío escuchó unos disparos”. 

Y se vino la comunidad a buscarlo y llegaron a donde estaba el ejército. Ahí estaba el cabo que lo había asesinado y dijo, “No está aquí, aquí no está Dimar”. Entonces, un amigo de Dimar, muy querido, cogió así por la parte de abajo y al lado derecho encontró a los cuatro soldados haciendo el hueco para enterrar a Dimar con todo y moto. Al lado izquierdo, tenían a mi hijo botado en un latal con la moto encima. Y ya…

El cabo decía, “Nosotros no fuimos, nosotros no fuimos”, estando el hueco ahí.

Luego se formó el alboroto, surgió la noticia. Y la fiscalía de aquí de Bogotá dijo que no le pusiéramos mano, que ellos bajaban a levantarlo. Al otro día a las tres de la tarde, bajó la fiscalía a levantarlo. La misma fiscalía lloraba al levantarlo, no le dejaron cabeza. Los casquitos de la cabeza de mi hijo estaban en la carretera. Y los soldados, los asesinos esos, le echaron tierra para que nosotros no lo encontráramos.

¿Eso va a ser una paz? Esos soldados, el cabo y el teniente. ¿buscaron la paz? ¿eso será paz? No, eso no es paz. Vean, mi hijo, con ese sueldo que le estaban dando me compraba la comida a mi, le compraba la comida a la mamita, a la mujercita, y estaba construyendo una casita. 

Como la casita mía es mala, es un ranchito, él me decía a mi, -Papá a lo que yo haga mi casita. Yo le hago la suya. Y yo muy contento. 

Ahí está la viejita en Bucaramanga, se encaprichó, está encaprichada. La vida de ella es estar sentada en una silla, casi que ni habla. Y yo allá en la vereda solo. Hay veces que paso hasta tres días sin comer. Sin ninguna ayuda. Nada. Me encuentro solo. Hoy en día me encuentro acá acompañado con ustedes, porque todos los que estamos aquí, somos hermanos. 

Aquí tienen que haber padres de familia que también tienen hijos asesinados, yo los acompaño en ese dolor. Porque sé que el dolor de perder un hijo es muy grande. No se lo deseo a ningún padre que haya aquí, de ningún Colombia. Nadie, ningún padre de familia va a desear que le maten un hijo. 

Pero yo sí sé. Hasta el mismo presidente de Colombia sabe que fue un cabo, un teniente y cuatro soldados que lo asesinaron…Que me acabaron con mi hijo… Dimar Torres. Yo soy el taita de él, de Dimar. Un viejito de 74 años que tengo yo. 

No conocía Bogotá, no conocía montar en un avión, lo miraba por el aire, pero obligado me tocó venir. Me tocó llegar a Bogotá, para buscar la ayuda del Estado. Para buscar y decirle a esa gente que no haya más guerra nunca en este mundo entero, en Colombia, que busquemos la Paz. Porque yo vine fue a buscar la paz.

Cuando mi hijo salió de la cárcel hace dos años. Me decía, -Papá, es muy bonita la libertad, papá voy a ser un hombre trabajador. Él enfermito de los pies, casi no podía caminar. Y así, enfermito de los pies me estaba manteniendo a mi, a la mamita y manteniendo a la mujercita. 

Ahí está, la mujer quedó en cinta y el niño tiene dos meses. Está sin papá, está sin ayudas, está sin nada. Entonces yo quiero como hermanos que somos todos de este mundo entero. -Nos distinguimos por el apellido, pero por la sangre somos hermanos, porque somos de un solo Dios. Todos somos hijos de Dios-. Les quiero decir que nos respetemos, nos queramos y pidámosle la paz.

Digámosle a ese presidente de Colombia que se llama… Se me olvida el nombre. No hagamos más violencia, no hagamos más tortura. Porque hay muchos niños chiquitos. Como hicieron esa gente con mi hijo, ¿cuanto más asesinatos habrán y estarán enterrados? 

Porque en este mundo, lo que se encuentra es una violencia. No se encuentra Paz. Se encuentra es una violencia. Entonces yo quiero, de hoy para adelante que haya una paz entre todos. Qué Colombia es muy lindo. Colombia es el país más lindo que hay. Queremos que Colombia se forme en una paz, en una tranquilidad. Porque ya nosotros que estamos viejos, debemos pensar en los niños chiquitos, que están naciendo.

Sigue leyendo los contenidos de este especial:

Ilustraciones: © Andrés Caicedo Hernández

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