Diez reflexiones de Héctor Abad Gómez sobre la justicia social

Héctor Abad Gómez

Esta artículo hace parte del especial Leer para entender El olvido que seremos. Luego de la muerte del médico salubrista Héctor Abad Gómez, su hijo, Héctor Abad Faciolince, recopiló en un libro llamado Manual de tolerancia diversos escritos que nos muestran las reflexiones del otrora Presidente del Comité para la defensa de los Derechos Humanos en Antioquia. ¿Cuál es su legado? ¿Qué nos dicen estas letras sobre su pensamiento?

Por Jovani Escobar Gil

Héctor Abad Gómez estudió medicina en la Universidad de Antioquia y se especializó en Salud Pública en la Universidad de Minessota. Fundó la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia en la que se desempeñó durante toda su vida como profesor. Convencido de que la prevención en salud debía ser una prioridad para las sociedades, invitaba a sus estudiantes a acercarse a las realidades de los barrios más vulnerables de Medellín para entender que la génesis de la salud eran el agua potable y el acceso a los derechos fundamentales. Coherente con su pensamiento, el Doctor Abad, como era ampliamente conocido en Medellín, dedicó los últimos años de su vida a la defensa de los Derechos Humanos.

Según recuerda Héctor Abad Faciolince, en El olvido que seremos, una de las pasiones de su padre era escribir. A lo largo de su carrera escribió columnas de opinión para diversos medios de comunicación de Colombia y su trabajo científico y social se condensaría en libros como Nociones de salud pública (1969), Manual de poliatría (1971), Cartas desde Asia (1973), entre otros. Dos semanas después de su muerte (ocurrida en agosto de 1987), al recoger las pertenencias de su padre en la oficina de la carrera Chile, su hijo encontró un cúmulo de escritos que recopilaría bajo el nombre Manual de tolerancia, y es que en este concepto, la tolerancia, se enmarca la obra de Héctor Abad Gómez. Así lo describió en el prólogo de este libro, Carlos Gaviria Díaz, su compañero y entrañable amigo:

Si esa virtud llegó a ser el eje de sus reflexiones, no fue por mero azar. Tengo la convicción de que ella resume de manera exacta todo lo que Abad Gómez era y deseaba. Más aún: pienso que la tolerancia sintetiza un impulso vital y un sentimiento posibles de contradecirse, pero que en el médico humanista ni siquiera virtualmente se podían escindir: la libertad y el altruismo. Por eso, más fiado de sus certezas vivenciales que de los sutiles discernimientos de los teorizadores, se proclamaba liberal, socialista y cristiano, convencido de que la vida funde lo que la lógica se empeña en abstraer.

Para conocer un poco más sobre el pensamiento de Héctor Abad Gómez, te compartimos diez fragmentos del Manual de tolerancia que reflexionan sobre la humanidad, el conocimiento, la educación y la justicia social. Una selección de Marcela Ramírez para los lectores de Diario de Paz:

Sobre la condición humana

  • La humanidad, como un todo, es la verdadera protagonista y hacedora de la historia. Como células que somos de este gran cuerpo universal humano somos, sin embargo, conscientes de que cada uno de nosotros puede hacer algo para mejorar el mundo en que vivimos y en el que vivirán los que nos sigan.
  • Las grandes revoluciones se hacen primero en la conciencia de los hombres. Y esta, de que todo ser humano, en dondequiera que esté, quienquiera que sea, por el solo hecho de ser un ser humano, tiene derecho a la vida sana, a una alimentación suficiente y equilibrada, a una educación hasta donde lleguen sus capacidades intelectuales, y a disfrutar de los bienes de esta tierra, en igualdad de circunstancias con los demás, es verdaderamente, una gran revolución.
  • Los pequeños no tendrían ningún prejuicio en contra de la forma de la cara, o el color de la piel o la consistencia del cabello de otras personas, si los adultos no se lo enseñaran. El racismo es un síntoma de intolerancia, de temor y defensa de lo que es diferente.
  • Creo en la perfectibilidad del ser humano, en sus grandes potencialidades para el bien o para el mal y creo que estas potencialidades se desarrollan hacia uno u otro lado dependiendo de las circunstancias en que se encuentre y de la educación a que haya sido sometido. Creo en el poder del hombre de modificar –hasta ciertos límites– sus propias circunstancias y en su capacidad de discernir –en cada caso– el bien para él y para sus prójimos.
  • Una educación libre en la cual no se nos prohíba conocer nada y en la cual podamos saber de toda la humanidad y de todo el mundo, y una higiene mental que conduzca hacia un equilibrio mental, serán nuestras mejores armas en contra de la proliferación de los fanáticos y del fanatismo.

Sobre la bondad

  • El mero conocimiento no es sabiduría. La sabiduría sola tampoco basta. Son necesarias la sabiduría y la bondad para enseñar y gobernar a los hombres. Aunque podríamos decir que todo hombre es sabio, si verdaderamente lo es, tiene también que ser bueno.
  • Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz. Si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad.

Sobre Colombia

  • Porque no es matando guerrilleros, o policías, o soldados, como parecen creer algunos, como vamos a salvar a Colombia. Es matando el hambre, la pobreza, la ignorancia, el fanatismo político e ideológico, como puede mejorarse este país.
  • Sueño con un mundo menos estúpido e injusto que el actual; con una Colombia mejor organizada para satisfacer las prioridades reales de todas sus gentes: el pleno empleo, la vivienda adecuada, el transporte, la educación, la salud, la recreación, y para conseguir todo esto, un mejor reparto de las riquezas, los ingresos y los servicios.
  • Debemos empezar por transformarnos a nosotros mismos, no temiendo a la verdad. En la escala de valores, el valor personal representa una de las más altas jerarquías. Quien tenga valor de expresar lo que piensa y de enfrentársele a su grupo rutinario y asustado, está gestando la revolución transformadora que Colombia necesita.
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Escrito por

Comunicador y socio fundador de Diario de Paz Fundación. Voluntario e investigador, en temas relacionados con la sinergia entre comunicación y educación, del grupo de extensión solidaria Barrio U de la Universidad de Antioquia.

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