“Los ejércitos”: los ojos de la guerra

Desde Wohlen, Suiza, una lectora muy activa del Club de Lectura Virtual, comparte algunas impresiones sobre la novena obra del reto 10 libros en 2020. ¿Qué mirada genera la obra desde la distancia? Si tú también estás leyendo esta novela, anímate y participa con tu texto en este especial de contenidos sobre Los ejércitos.

Por María Isabel del Busto [Wohlen, Suiza]

Desde la distancia física, pero con el alma en las raíces me atrevo a escribir siguiendo mi instinto, sobreponiéndome al desafío que representa la hoja en blanco y con el deseo de plasmar las emociones y los pensamientos que ha despertado en mí el libro Los ejércitos, de Evelio Rosero.

El distanciamiento entre la magnitud de los hechos y la reacción colectiva frente a la violencia ha permitido que esta se compenetre es nuestro diario vivir y cotidianidad, haciéndola parte de nuestro pasado, nuestro presente y convirtiéndonos desde nuestra posición cómoda en simples observadores de actos funestos.

En cuestión de momentos (momentos de encuentro, momentos de festividad, momentos de supuesta paz), San José, un pueblo ficticio pero a la vez muy real, pasa a ser un escenario de horror que conduce a preguntas como: ¿quién fue?, ¿a quién se llevaron?, ¿a quién mataron? Poco a poco, Evelio Rosero nos desliza en un torbellino de emociones que con el pasar de las páginas nos sorprende, nos aturde y nos desgarra. 

Los ejércitos es, sin duda, una crónica social llena de sujetos y espacios enfocados en un pueblo condenado a la desidia del Estado y expuesto a la violencia, un pueblo en el que, a pesar de estas circunstancias, sus habitantes viven con sentimientos de arraigo: toda nuestra desventura narrada en un libro. Aquí las estadísticas pasan a un segundo plano, pues el dolor no es cuantificable, cobra relevancia y se visibiliza.

A lo largo de la lectura fui haciendo una compilación de algunas de las dolencias y prácticas violatorias de los derechos humanos en nuestro país, todas ellas enunciadas de una forma magistral en Los ejércitos. Aquí comparto estos fragmentos:

El sicariato y el uso de niños en la guerra

Y fue cuando descubrí que el asesino no era un hombre joven; debía ser un niño de once o doce años. Era un niño” (p. 22).
“Llegó uno de esos hombres y dijo que era tío de Gracielita, y se la llevó”.
“Solo eso nos faltaba, que se aparezca Gracielita uniformada repartiéndonos plomo a diestra y siniestra”,
“Fue en ese momento cuando se apareció el soldadito; era, en efecto, un muchacho, casi un niño uniformado”.

El secuestro y su indolencia

¿Cómo hicieron para llevársela?, como hacen para trasladar gordísimos como Saldarriaga, forzándolos a subir y bajar kilómetros” (p. 126).

“Cualquiera es susceptible de ser secuestrado sin importar su condición”.

Extorsión

Usté señor tiene una deuda con nosotros, y por eso nos llevamos a su mujer embarazada. Tenemos a Carmenza y necesitamos 50 millones por ella y otros 50 por el bebé que esta por nacer” (p. 125).

Tácticas de hostigamiento territorial y complicidad entre grupos paramilitares y el Gobierno

“Dijo que sus jefes se reunieron en tres oportunidades para planear el crimen, porque la mujer de Rey tomaba fuerza en sus aspiraciones a la alcaldía, y porque públicamente se negó a tener acercamientos con los paramilitares de la zona: el plan contó con la participación de un exdiputado, dos ex alcaldes y un capitán de la policía” (p. 144).

Narcotráfico

“Los cientos de hectáreas de coca sembradas en los últimos años alrededor de San José, la “ubicación estratégica” de nuestro pueblo” (p. 124).

Medios de comunicación

“El morbo y la indolencia de los medios de comunicación”. 

El abandono e indiferencia estatal

El profesor Lemes y el alcalde viajaron a Bogotá: sus peticiones para que retiren las trincheras de San José no son escuchadas. Por el contrario, la guerra y la hambruna se acomodan, más que dispuestas” (p. 124).

El flagelo de las minas antipersonal

“El pueblo ha sido sembrado de minas quiebrapatas. Es extraordinario; parecemos sitiados por un ejército invisible y por eso mismo más eficaz” (p. 124).

La metodología desquiciada de la guerra y su mezquindad

¿Pero cuántas quedan?, carajo, dicen las voces, son tarros de la lata, cantinas de leche llena de metralla y excremento, para corromper la sangre del afectado” (p. 118).

Cuerpos mutilados

“Las voces hablan de Yina Quintero, la joven de quince años que pisó una mina y perdió el oído y el ojo izquierdos” (p. 118).

Desintegración del núcleo familiar, niños huérfanos

“Sultana García, la madre de Cristina, que apareció acribillada debajo de unos ladrillos” (p. 123). 

“Y porque no nombrar todos esos muchachos reclutados por el ejército nacional. “Fue en ese momento cuando se apareció el soldadito; era en efecto, un muchacho, casi un niño uniformado”(p. 163).

Atención psicológica a víctimas, traumas

“El delicado trance en el que se halla su hijo no puede sino remediarse con el tiempo y mucha tranquilidad: y sí, la incertidumbre que reina en San José es acaso parecida a la tranquilidad” (p. 122).

Tortura, ejecuciones extrajudiciales

Los diferentes actores del conflicto proclamando únicas verdades con la premisa de hacer justicia y preservar el orden”.

El abuso de autoridad

“El ejército disparando a la población civil (…) le harán consejo de guerra y terminará de coronel en otro pueblo, como premio por disparar a los civiles” (p. 117). 

Desplazamiento forzado

“…filas interminables de hombres y niños y mujeres, muchedumbres silenciosas sin pan y sin destino” (p. 116).  
“Se van, me quedo, ¿hay en realidad alguna diferencia? Irán a ninguna parte, a un sitio que ni es de ellos, que no será nunca de ellos, como me ocurre a mí, que me quedo en un pueblo que ya no es mío” (p. 193).

“¿Cuántas cosas han pasado sin que nos diéramos cuenta?”, se pregunta Evelio Rosero a través de la voz de su personaje Ismael. Y yo me pregunto: ¿cuántas cosas están pasando y seguirán pasando sin que nos demos cuenta? La sensación que me queda al terminar este libro es que en esta guerra desenfrenada no solo se extermina la vida, sino que se profanan los recuerdos y se pone en duda la esperanza.

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