“Antes de la coca, éramos como hermanos”. Esta es la historia de Rionegro, Caquetá

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Escuchar las historias de los abuelos fundadores de su pueblo es uno de los ejercicios que más ha enriquecido a los niños y jóvenes que conforman la Asociación de Jóvenes por Rionegro –Asojorio. Estos chicos, entre los 7 y 17 años, creen que reconstruir el tejido social de su comunidad implica mirar y estudiar el pasado, desde su fundación en 1968, pasando por la llegada y el boom de los cultivos de coca. En este artículo compartimos algunas de las respuestas que estos jóvenes han encontrado a la pregunta por la historia de Rionegro. Segundo artículo de la serie “Ser joven de paz en Caquetá”, escrito por Diario de Paz Colombia en colaboración con Asojorio.

Esta es la historia de una región que primero fue selva y que, en la década de los años sesenta, vio llegar a un grupo de colonos decididos a fundar allí una comunidad agrícola y de paz.-4.png

Doña Cecilia Rojas llegó a la comunidad de Rionegro en la década de los años setenta, cuando tenía diez años. Buscando como sostener a su familia, su padre consiguió un pedazo de tierra para cultivar lo que era común en esa época: yuca, maíz, plátano y arroz.

Cuando durante la producción de un documental de televisión, uno de los jóvenes de Asojorio le pregunta a doña Cecilia cómo era la vida en aquella época, ella cuenta que, además de la agricultura, los habitantes salían al río Guayas en canoas a pescar, se iban de cacería al monte y volvían a sus casas con gurres, venados y cerrillos. Según ella, trabajaban muy duro, pero era una vida tranquila y sencilla. Su relato completo se puede ver en Puerto Ariel, historia de la colonización, el primero de una serie que están produciendo los jóvenes de Asojorio, difundidos a través de su canal de YouTube.

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La historia de cómo los primeros colonos llegaron a esta parte del Caquetá es la misma de cientos de colombianos que han tenido que abrir monte para fundar aldeas. Ha sido una lucha por sobrevivir que, para muchos, comenzó con la violencia bipartidista que vivió el país tras el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

El líder afrodescendiente José Yuber Balanta, quien vive en la vereda Maracaibo II de Rionegro, también llegó a esta región cuando tenía 10 años. En entrevista con Diario de Paz Colombia, este líder campesino recordó que su padre –un liberal del municipio de San Vicente de Quilichao, Cauca– tuvo que huir a la persecusión de los conservadores para ponerse a salvo él y a su familia. Con lo poco que tenía compró un fundo: cuatro hectáreas abiertas para cultivar, y una choza.

Cuando me trajeron –recuerda don José–, Rionegro eran tres, cuatro casitas. Era una zona muy tranquila en esa época a pesar de que, una gente llegó huyendo de la violencia, y otra gente llegó porque estaba cansada de matar, cansados de ser guerreros. Aquí nos integramos todos en la montaña. Lo único que nos atormentaba era el paludismo. 

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Según la monografía Hacia el Rescate Histórico de Rionegro*, para ubicar la historia de esta comunidad hay que remitirse al corregimiento El Doncello, en las selvas del Caquetá, entre la ciudad de Florencia y un pueblo muy conocido en la historia reciente de Colombia: San Vicente del Caguán. Cerca de allí, en la Inspección de Maguaré se estableció un frente de colonización, en donde los colonos se dedicaron al cultivo de palma africana y caucho.

La colonización dirigida, (es decir auspiciada por el Estado), llegaba hasta un sitio conocido como Trocha L. Pero, “transgrediendo esa frontera, los colonos espontáneos, y otros que iban donando sus parcelas, irrumpieron selva adentro formando pequeñas mejoras, de donde se derivó su sustento”.

Los colonos talaron y quemaron considerables extensiones de selva y poco a poco aumentó la población: una mezcla de colombianos aventureros, desposeídos, desplazados y desarraigados. La producción agrícola también aumentó hasta tal punto  que vieron necesario crear un sitio cercano para vender sus excedentes de producción. Según se relata en la monografía citada:

Como producto de esa necesidad, aquellos colonos aguerridos y emprendedores usufructuaron un improvisado puerto –Puerto Ariel–, nombre que recibe en honor al primogénito del señor Álvaro Arango Lastra, propietario del terreno donde posteriormente se fundó Rionegro.

En su mayoría provenientes del territorio antioqueño y del Bajo Cauca, un día de 1964 los colonos se organizaron en una junta de acción comunal y, a principios de 1967, tras una difícil negociación con el dueño de las tierras, compraron el espacio para fundar un pueblo a orillas del río Guayas, en el municipio de Puerto Rico: ocho hectáreas por veinte mil pesos de la época. En la negociación, el dueño les donó cinco hectáreas más para construir la plaza de mercado, el parque y la cancha de fútbol.

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El 19 de marzo de 1968, el sacerdote Usseglio Remo bendijo oficialmente el sitio, una persona que en ese entonces representaba no sólo la tutela divina sino que hacía, en cierto modo,  las veces de Estado. Después de la bendición, los nuevos habitantes comenzaron a comprar lotes, incluido el padre mismo, quien adquirió los predios para construir el templo, la casa cural, una vivienda para monjas y un colegio.

Entonces se fueron levantando casas y, de acuerdo a las necesidades más apremiantes de los pobladores, empezaron a construir la escuela (1970), el colegio (1973), el centro de salud (1982)… Al mismo tiempo que terminaban estas obras, entre mingas, rifas, bazares y aportes de todos los habitantes fueron haciendo carreteras y puentes en las comunidades circunvecinas. Consiguieron una planta proveedora de energía propia, acueducto y alcantarillado. Y, para hacerle frente a los problemas de convivencia que también comenzaron a emerger, la misma comunidad gestionó la instalación de una inspección de policía. Rionegro había dejado de ser selva –o manigua como la llaman allí– para ser un pueblo más en el mapa de Colombia.

Tres habitantes recuerdan el pueblo antes de la coca

En otro video, Ejercicios de aprendizaje para la paz, el maestro Albeiro Alzate, exdirector de la escuela Antonio José de Sucre, hace énfasis en el espíritu comunitario y cooperativo de sus habitantes. Así recuerda al Rionegro de aquellos años:

Era un pueblo muy humilde, muy sencillo; la gente era buena, vivía en comunidad. Las construcciones eran rústicas, ranchitos de paja y casitas de madera, y producían los alimentos en la misma región… Se vivía muy sabroso.

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En entrevista con Diario de Paz Colombia, don Licinio Machado, actual presidente de la Junta de Acción Comunal de Rionegro y quien llegó también al pueblo durante esos primeros años, habló así de esa época:

En ese tiempo uno podía conseguir trabajo dignamente. Usted iba a trabajar y no había problema ninguno, el patrón pagaba el jornal. No vivía nadie desocupado y no había problemas de que se fuera a perder lo que uno tenía.

Doña Luz Mery Anzola, secretaria de la Junta, también recuerda:

Cuando yo llegué era un pueblo muy tranquilo. La gente vivía de la siembra de maíz y arroz. También había molienda, pesca. Muy poca ganadería; todo el mundo tranquilo y bien.

Doña Luz Mery recuerda también las celebraciones religiosas y culturales y la solidaridad que había entre todos los habitantes.

El río Guayas ha sido también protagonista en esta historia pues, desde el comienzo, fue un importante afluente para el transporte, la actividad pesquera, comercial y de sustento de todas las familias de entonces, y aún del presente. Cuando por ejemplo hay bloqueos por la vía a Cartagena del Chairá, se utiliza esta vía fluvial y por ella se sacan pescados de hasta cinco arrobas.

Don Floresmiro Castro, campesino agricultor de Rionegro afirma con pocas palabras cómo esa historia del pueblo comenzó a transformarse:

“Antes de la coca, éramos como hermanos todos. Pero llegó la coca y esto sí fue un cambio tremendo”.

¿Y eso cuándo comenzó? ¿Cómo sucedió esa transición? ¿Qué hicieron los colonos ante la llegada de la coca? ¿Cómo se transformaron Rionegro y Caquetá?

Espera la tercera parte del especial Ser joven de paz en Caquetá, Colombia. Con apoyo investigativo de los jóvenes de Asojorio, veremos cómo llegaron la coca, la amapola y el conflicto armado a esta región de Colombia y cómo estos cultivos y la guerra partieron la vida de la comunidad en dos.

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Bibliografía
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*Hacia el rescate histórico de Rionegro. 1991. Francisco Luis Baracaldo y Esperanza Velásquez Rivera.
Colonización y poblamiento del Piedemonte amazónico en el Caquetá. El Doncello 1918-1972. Fabio Álvaro Melo Rodríguez. Pontificia Universidad Javeriana. 2016. Disponible on-line.
Doce textos de Alfredo Molano sobre el origen del conflicto armado colombiano. Selección de Etnicográfica.

Lee aquí la primera parte del especial Asojorio y Diario de Paz Colombia

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