“El proceso de paz: un experimento con muchos ingredientes”. Jana Hornberger. [Reflexión]

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¿Cómo nos ven a los colombianos desde afuera? ¿Qué piensan en otros países, como Alemania, que significa la paz? En Diario de Paz Colombia invitamos a escribir a Jana Hornberger. Esta joven alemana estudió un pregrado en Ciencias Politicas en la Universidad de Tübingen, y una maestría en Ciencias de Paz y Conflicto en la Universidad de Innsbruck. Es investigadora en la  Academia de Paz de la región Rheinland Pfalz, desde donde estudia las relaciones Alemania-Francia, memoria histórica y educación para la paz.

Durante el mes de julio de 2017 Jana vivió en Medellín, Colombia, donde estudió un curso de verano ofrecido por la Universidad de Antioquia, sobre contexto del conflicto armado y construcción de paz. Estas son sus reflexiones sobre la paz y la paz en Colombia.

Por Jana Hornberger [escritora invitada]

Me interesan mucho los estudios en conflictos, violencia, paz y reconciliación. He estudiado estos temas desde la academia y también he tenido la oportunidad de vivir experiencias en países en posconflicto.

Durante el año 2012, por ejemplo, viví en Guatemala, un país que vivió un conflicto armado interno durante 36 años (1960-1996), dando así lugar a graves violaciones de derechos humanos y llegando al punto de perpetrarse un genocidio contra la población maya.

En 2012 llegué a Guatemala como voluntaria en un proyecto de acompañamiento internacional. Nuestra misión era brindar protección y apoyo a personas y organizaciones defensoras de derechos humanos.

Estas inquietudes me despertaron el interés por conocer Colombia y su historia larga de conflictos. Por eso me inscribí en un curso de cuatro semanas ofrecido por la Universidad de Antioquia: La paz en Colombia: retos de un país fragmentado.

El curso de verano empezó con tres días de excursiones para conocer diferentes realidades que han sido afectadas de maneras distintas por el conflicto armado. Visitamos dos comunas de Medellín e hicimos un viaje a Granada, un municipio al Oriente del departamento de Antioquia.

Visitando las comunas, vi jóvenes como Elemento Ilegal, Escuela de Hip Hop, quienes a través del grafiti y la música han transformado su vida cotidiana. Lo que percebí en los barrios fue un esfuerzo colectivo enorme en establecer una convivencia pacífica y humana después de muchos años de violencia, discriminación y desplazamiento.

Hablando con la gente entendí que paz puede ser el deseo a vivir tranquilamente, paz es la búsqueda de armonía personal y colectiva. Pero esos deseos no son colombianos exclusivamente. Son deseos universales, los conocemos todos los seres humanos. Creo que el anhelo hacia el bienestar personal y social existe en muchos lugares del mundo.

Después de haber visitado el Salón del Nunca Más en el pueblo de Granada me di cuenta de que cada proceso de paz está relacionado con el reclamo hacia la “justicia”. Para mí, personalmente, “justicia” es una palabra muy fuerte, con un concepto moral detrás. ¿Es justicia la necesidad de un proceso legal o el sentimiento de ser reconocido como afectado por un sistema o una sociedad? (No quise usar el término de “víctima” en este artículo. El término merece un espacio aparte para explorarlo adecuadamente).

Desde mis experiencias en Guatemala y en Colombia, entendí que reclamar justicia es necesario para que la gente pueda seguir con su vida y de dar sentido a los hechos ocurridos, como es el caso de una ciudad como Granada, que ha vivido una historia de conflicto muy fuerte.

El objetivo del curso de verano que tomé en la Universidad de Antioquia, me permitió alcanzar una comprensión integral sobre la historia del conflitco armado y las negociaciones de paz entre el gobierno y las FARC.

Además de eso, me pareció muy oportuno aprender sobre los diferentes elementos constitutivos de la construcción de paz relacionados con el reordenamiento territorial y la restauración de derechos en Colombia.

La relación entre el narcotráfico y la política también juega un papel bastante importante para entender el contexto de manera amplia. Fue muy relevante aprender todo esto mientras estuve viviendo en una ciudad como Medellín, que ha sido golpeada durante muchos años por el narcotráfico. Esta experiencia me dejó conocer una ciudad en donde hay muchas huellas de violencia. Me pregunté por cómo los colombianos entienden la seguridad, independientemente de la seguridad democrática del ex presidente Álvaro Uribe Vélez.

Un domingo, paseando con amigos paisas, tuve una conversación con un señor que probablemente haya votado en contra del proceso de paz en el plebiscito y que muy claramente mostró su simpatía por Uribe. Su verdad también existe y me imagino que es la verdad de muchos otros colombianos.

Durante el curso también vi que hay una necesidad de transformar las instituciones, de aplicar mecanismos de justicia transicional y de abrir escenarios de discusión sobre qué necesita tener una educación para la paz en el contexto colombiano.

¿Qué es la paz para Colombia?

Si me preguntan ¿qué es la paz para Colombia?, diría que no es fácil responder. Si el conflicto o la guerra se entienden como una continuación de varios conflictos, con varios actores, varias fases y varias escalas de violencia, la paz no puede ser una receta completa.

Desde mi punto de vista, la guerra y el conflicto se pueden estudiar a la luz de muchos aspectos: sociales, históricos, estructurales, institucionales y generacionales. Los ejemplos sobre los diferentes aspectos del proceso de paz entre el gobierno y las FARC (2016), que conocí durante mis estudios en Colombia, demuestran que no hay una sola forma o manifestación de paz.

Paz puede ser un proceso personal, puede estar relacionada con justicia o con el reordenamiento territorial (en el contexto colombiano se llama “paz territorial”). Si entendemos paz como algo plural, que se manifiesta en diferentes formas, también entendemos las múltiples dimensiones de lo que significa paz en Colombia.

Desde afuera, veo la paz en colombia como un proyecto que toca el corazón de mis amigos colombianos

Estos son solo algunos aspectos y ejemplos que hacen que el proceso de paz sea un experimento con muchos ingredientes. Un experimento que es necesario y que veo desde afuera como un proyecto que toca el corazón de los amigos colombianos que he hecho durante este mes.

Para mí, como alguien de afuera, estudiar en la Universidad de Antioquia fue una posibilidad extraordinaria para comprender, aunque fuera brevemente, la historia de un país con varios siglos de violencia.

Creo que para los compañeros colombianos fue también una posibilidad de encontrar respuestas y entendimiento sobre algo que es parte de su día a día, la historia de su país que atraviesa sus biografías y profesiones.

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