Congas, tambochas, pirarucús y mucho más. La cabalística fauna en La vorágine

Desde Alemania, la colombiana Patty Bolívar León se animó a investigar en detalle algunos de los animales descritos por José Eustasio Rivera en su novela. ¿Qué tan reales son estos personajes? Un contenido de la serie Leer para entender La vorágine del Club de Lectura Virtual

Por Patty Bolívar León*

Hay una frase, escrita en 1924, que sigue siendo muy apropiada en nuestros tiempos: “Porque a esta pobre patria no la conocen sus propios hijos, ni siquiera sus geógrafos”. Por diversas circunstancias –vías de acceso, recursos económicos, disponibilidad de tiempo, condiciones físicas y hasta falta de interés o desconocimiento–,  viajar a conocer y reconocer las maravillas que Colombia tiene por ofrecer no es una tarea fácil.

Dentro de nuestro propio país desconocemos costumbres, dialectos, sabores, olores, leyendas y culturas enteras; estamos desconectados como colombianos. Pero en un esfuerzo idílico por cerrar brechas y dificultades, la novela colombiana La vorágine nos acerca a través de hipérboles a paisajes lejanos, nos muestra árboles divinos, ríos ignotos y animales mágicos que habitan en la interminable selva colombiana.

Por eso, es imposible no sorprenderse al nombrar a unos cuantos animales mencionados durante esta mágica y trágica travesía que es La vorágine. En esta obra hay garzas morosas, loros esmeraldinos y mulas cimarronas. También se pueden ver cachones salvajes, sapos hidrópicos y mariposas que parecen flores traslúcidas. Y hay más: hay bufeos, cachicamos, caimanes y caribes. Están el caricari, el comején, la conga, el coscojero, el jején, la lapa, el piapoco, el pirarucú, la raya, el soche, la tereca, el váquiro, el mojojoy, las tambochas, el zamuro y muchos animales más.

Viajando a través de las palabras escritas por José Eustasio Rivera, anhelaba conocer más sobre estos animales cabalísticos, es decir, misteriosos o que tiene un sentido enigmático, personajes que parecen salidos de una historia de ficción. Para mi deleite y sorpresa, cada uno de ellos es fascinante en sus modos únicos de vivir.

La garza morosa

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Durante el inicio de la travesía desde el Casanare, los lectores encontramos a la garza morosa –o más conocida como garza grande–. Esta es un ave grande, de aproximadamente un metro de longitud. Es esbelta, tiene el cuello elegante y las patas largas y delgadas que le permiten permanecer inmóvil durante largos periodos de tiempo en aguas quietas, allí caza peces o ranas. Los atrapa con su pico rápidamente y luego engulle entera su presa.

Las plumas de estas garzas son escapulares elongadas y conspicuas, de un color blanco nupcial. Su plumaje es tan bello que durante el siglo XIX las plumas eran un codiciado accesorio para la moda europea. Las plumas eran adquiridas por comerciantes alemanes, italianos y franceses que navegaban por el río Orinoco y compraban paquetes de plumas por un módico precio de 500 dólares la libra. Luego las utilizaban para diseñar abanicos y altos penachos.

El bufeo y la indiecita Mapiripana

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Siguiendo el recorrido por algunos de los miles de brazos que desembocan en el majestuoso río Amazonas, el bufeo o delfín rosado hace su aparición. Este delfín de agua dulce ha sido el protagonista de diversos mitos y leyendas en las regiones que abarca la Amazonía sin distinguir fronteras.

En la Amazonía colombiana, la indiecita Mapiripana es la celadora de manantiales y lagunas, vive en las selvas, exprimiendo nubes y encauzando las filtraciones para formar nuevas vertientes. De noche se le siente gritar en las espesuras, navegando sobre una concha de tortuga, tirada por bufeos que mueven las aletas mientras ella canta.

En la Amazonía peruana y brasileña, se dice que durante las fiestas el bufeo (o buto en portugués) se presentaba transformado como un apuesto caballero vestido de blanco, con un sombrero para ocultar el espiráculo (orificio que permite la entrada de oxígeno en los delfines) y seducía a las jovencitas, luego las llevaba al fondo de río y en ocasiones las embarazaba. De este mito se deriva la expresión “hijo del buto”, cuando una mujer está embarazada y el padre es desconocido.

Congas y termitas

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Aunque las aves y mamíferos acuáticos mitológicos son sin duda una parte esencial de la selva, son los pequeños insectos quienes silenciosamente con su comportamiento, casi sin ser notados, transforman drásticamente el ambiente.

La Amazonía también es hogar de variedad de especies de hormigas. Las congas u “hormigas bala” son la especie de hormiga con la picadura más dolorosa del mundo de acuerdo al índice de Schmidt.

El entomólogo Justin O. Schmidt se ha sometido a picaduras de diferentes insectos, y así creo un índice de dolor que va de 1 a 4, siendo 1 el más leve y 4 el mayor.  Schmidt describe el dolor de una picadura de hormiga conga como si se caminara descalzo sobre carbón caliente con una puntilla clavada en el pie, otras personas que han experimentado la picadura, la asimilan al dolor que se siente al ser impactado por una bala, de ahí su nombre popular “hormiga bala”.

La tribu Seteré-Mawé en la Amazonía brasilera utiliza una infusión de hierbas para adormilar las hormigas, y así tejer una especie de guantes combinados con savia de árbol, una vez los guantes están listos el jefe de la tribu despierta las hormigas con humo y los niños de 9 años deben usar los guantes por un periodo de diez minutos para así probar como parte del ritual que han pasado de ser niños a hombres.

Por su parte, el comején o termita es la especie de insecto con mayor esperanza de vida en el mundo, algunas han vivido entre 30 y 50 años. El comején se alimenta de madera muerta y su labor de “reciclaje” es vital para la conservación y buen funcionamiento del ecosistema.

Las tambochas

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Las tambochas son otra especie de hormiga que habita a lo largo de la región amazónica. Esta hormiga pertenece a la familia de hormigas legionarias, y se caracterizan por no establecer un nido fijo en la tierra a diferencia de otras especies de hormigas. Se encuentran constantemente en dos etapas que dependen del estado reproductivo de la hormiga reina.

En el periodo en el que la reina se encuentra colocando huevos, la colonia establece un campamento temporal para garantizar la protección de los huevos. Mientras la reina se encuentre fuera de su fase reproductiva, la colonia migrará diariamente y formará cada día un nuevo nido.

Las hormigas obreras miembros de la colonia, se entrelazan entre sí y forman un nido con sus cuerpos, sirviendo como sostén para la reina, los huevos y las larvas en desarrollo. Así describe José Eustasio Rivera a estas hormigas:

¡Tambochas! Esto equivalía a suspender trabajos, dejar la vivienda, poner caminos de fuego, buscar otro refugio en alguna parte. Tratábase de la invasión de hormigas carnívoras, que nacen quién sabe dónde y al venir el invierno emigran para morir, barriendo el monte en leguas y leguas, con ruidos lejanos, como de incendio. Avispas sin alas, de cabeza roja y cuerpo cetrino, se imponen por el terror que inspiran su veneno y su multitud. Toda guarida, toda grieta, todo agujero; árboles, hojarascas, nidos, colmenas, sufren la filtración de aquel oleaje espeso y hediondo, que devora pichones, ratas, reptiles y pone en fuga pueblos enteros de hombres y de bestias.

El mojojoy

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Los animales e insectos de la Amazonía también sirven como sustento alimenticio para varias tribus habitantes de la región.

El mojojoy o chiza es una larva de escarabajo regordeta considerada como una plaga que puede atacar los cultivos desde la raíz, acabándolos parcial o totalmente. Sin embargo, los mojojoyes son consumidos en la región Amazónica tradicionalmente asados o fritos, pueden ser rellenos de carne, pollo, pescado e incluso queso.

El pirarucú

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Regresando a las profundidades del río Amazonas, encontramos el último acompañante de esta selección:el pirarucú, una prueba viviente de las maravillas de la evolución.

Se trata del segundo pez más grande del mundo de agua dulce. Se dice que puede medir hasta tres metros de longitud y pesar hasta 250 kilogramos. Durante algunas épocas del año vive en aguas poco oxigenadas, que resultan insuficientes para su respiración, por esta razón la vejiga natatoria de este pez ha evolucionado incrementando su tamaño y mejorando su función, que se asemeja a la de un pulmón.

Este pez es capaz de salir del agua y tomar “bocanadas” de aire para así extraer el oxígeno que requiere para sobrevivir. Es capaz de soportar hasta 40 minutos fuera del agua.

Una fauna exuberante

La magia de la lectura y la narración de José Eustasio Rivera nos ha transportado a lugares antes inimaginables en la Amazonía colombiana. Es posible que este acercamiento nos transmita sensaciones que nos permitan apreciar y aceptar lo que nos diferencia de los demás.

A través del aprendizaje y acogida de disimilitudes somos capaces de respetar, proteger, restaurar y preservar nuestros patrimonios naturales y culturales, pues esto ha unido a nuestros antepasados y nos enlazará con nuestros sucesores.

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*Patty Bolívar León es una consultora ambiental radicada en Alemania. Su trabajo se  especializa en temas de desarrollo sostenible y cambio climático. Apasionada por la vida salvaje, la fotografía y la construcción con LEGO.

Referencias

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