«Los derrotados»: un libro para navegar por la historia de Colombia



Durante el mes de octubre de 2021, la comunidad del Club de Lectura de Diario de Paz se ha unido en torno a la exploración de una novela que nos lleva a dos momentos de la historia de Colombia. En este reseña, Gerardo Ovalle comenta las generalidades de la obra y resalta algunos puntos relevantes. Un artículo que alimenta nuestra conversación abierta sobre literatura colombiana. Gracias por leer y compartir.


Por Gerardo Ovalle [Bogotá]

La novela Los derrotados, del autor colombiano Pablo Montoya, juega con dos épocas muy distintas, de un lado la narración nos permite acompañar al sabio Francisco José de Caldas (1768-1816) en la etapa final de su vida. Caldas es hecho prisionero mientras huía del “pacificador” Pablo Morillo, teme por su vida y se agita en un mar de dudas derivadas de sus ideales en busca de la independencia y las repercusiones que esos deseos de libertad le han acarreado. 

“Y mientras pasa mas horas en la cárcel, su abatimiento se acentúa. El desaliento le está despojando su convicción patriótica y empieza a mitigar la fortaleza que creyó poseer”.

Con descripciones como esta, el narrador nos va introduciendo en la vida del sabio Caldas, con un rápido recorrido por su etapa de estudiante, las voces de sus maestros y su crecimiento personal. También se enuncian sus logros científicos, su difícil relación con José Celestino Mutis, su admiración por el botánico, zoólogo y geólogo Alexander von Humboldt. Todo esto se logra a partir de las múltiples cartas escritas por él, en las que constantemente está rodeado de la belleza de las plantas.

A la par con la vida de Caldas, en esta novela también conocemos a tres amigos de colegio: Andrés, Pedro y Santiago. Juntos viven la dura realidad de la Colombia de los años ochenta. Los ideales de libertad harán que entren en contacto con la guerrilla del EPL, intentando llevar a la practica las lecturas de Marx o Hoxha. Lo clandestino convencerá definitivamente a uno y hará renunciar al otro. 

“No estoy hecho para este asunto. Me espantan las armas. Las tripas se me revuelven en los mítines. Mejor dicho, soy una calamidad para la revolución”.

A medida que leemos intentamos darle sentido a ese título: “Los derrotados”. Vemos que es posible que ese anhelo que buscaba Caldas cuando se adhirió a la campaña libertadora, lo compartan también esos amigos que suponen que ese grupo guerrillero es la respuesta a los problemas de un país sumido en la desigualdad. A la larga, cuando llegan a un callejón sin salida, estos personajes separados en el tiempo y el espacio comprenden que han perdido esa batalla, que lo que buscaban no podrá ser y que ahora están en el bando de los derrotados.

Este libro nos permite navegar por la historia de Colombia desde una perspectiva científica, la naturaleza como telón de fondo, las hermosas descripciones de Caldas –que recuerdan las de José Eustasio Rivera en su novela La vorágine, o las de Jorge Isaacs en María– hacen suspirar, pero ese verde que enamora también acompaña las fotografías que quedan como recuerdo de las matanzas y del accionar de los grupos armados.

Esta novela hace reflexionar sobre qué tanto hemos cambiado como sociedad en más de 200 años. Podemos pensar que ya no es necesario buscar lo que Caldas anhelaba, o por el contrario que nada ha cambiado y que nosotros también, como lectores, deberíamos sentirnos derrotados.

“Habían jurado, bajo la espesura de esas selvas ardorosas, que lucharían por la liberación del pueblo hasta la muerte. ¿Ahora qué quedaba de todo ello? La desgracia colectiva y no la prometida felicidad social. Y una memoria que el tiempo, como un destructor inflexible, disolvió cada día. Y un reguero de muertos importante acaso para la archivística regional”.

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Escrito por

Ingeniero de sistemas apasionado de la lectura. Mi papá acostumbraba a leer novelas de bolsillo, las que más le gustaban eran las de vaqueros, primero se quedaron en mi memoria los nombres de Keith Luger, Silver Kane y Marcial Lafuente Estefanía; antes que los de Garcia Márquez o Rafael Pombo. Los mundos que descubría a través de cada página tan solo avivaban el deseo por leer más y ahora después de tanto tiempo el fuego no se extingue.

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