Examinemos este problema llamado vida. ¿Qué nos enseña Krishnamurti sobre el fracaso?

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En Diario de Paz pensamos que la palabra paz no es solo un antónimo de guerra. La paz es un concepto muy amplio que nos permite reflexionar sobre muchísimas facetas de lo humano, entre ellas, sobre la importancia de fracasar. Pero, ¿qué conexiones podemos encontrar entre el fracaso y la paz? Las palabras del orador y filósofo Krishnamurti nos ayudan a mirar en esa dirección.

La primera vez que asistí a un taller literario, cuando tenía diecisiete años, uno de los asistentes me miró y me dijo: “¿Usted a quién debería leer? A Krishnamurti”. De entrada, ese extraño nombre no significó nada para mí. Sin embargo, sin haber sido siquiera un escritor, años después se volvería uno de mis escritores de cabecera.

La verdad, no leo a Krishnamurti a diario. A veces, incluso, pasan meses sin que lo recuerde, pero hay días en los que me gusta volver a él. En su texto El arte de vivir, este admirable orador nos invita a comprender qué significa el fracaso.

Preguntar, observar y hallar

Captura de pantalla 2017-09-08 a las 4.03.12 p.m.Por estos días, la noticia en Colombia ha sido la visita de uno de los más importantes  líderes del mundo: el Papa Francisco. La sola llegada del Papa a Medellín congregó a más de 800 mil personas. Su protagonismo ha llamado la atención, en gran medida, tanto a colombianos católicos como a seguidores de otras religiones. ¿Y eso que tiene que ver con Krishnamurti y el fracaso?

En 1930, en una charla dictada en San Diego, Estados Unidos, el orador y filósofo Krishnamurti (quien rechazó siempre cualquier título o autoridad que le dieron), invitó a reflexionar sobre varios puntos:

1. Encarar la pregunta 

En este mundo caótico y dividido, en el que un sistema va en contra de otro, una secta en contra de otra, y cada una asegurando ser el mejor, Krishnamurti se plantea una serie de cuestiones:

¿Qué puede uno hacer? ¿Qué línea de acción debe seguirse? ¿De izquierda, de centro, de derecha? ¿O es una línea de acción dictada por una ideología, alguna creencia o algún imperativo autoritario? ¿O debe uno seguir una línea de acción que no dependa en absoluto de ninguna autoridad, gurú, sacerdote o religión organizada, sino seguir la propia inclinación y experiencia?

Y luego, ¿qué hacer con esas preguntas? Después de plantearlas, el orador concluye que, en últimas, lo importante es encararlas “sabiendo muy bien que se ha perdido la fe, que no se tiene confianza en nadie, en ningún maestro, profesor o sacerdote, ni en ninguna utopía autoritaria”.

2. Hallar una línea de acción

Una vez se ha hecho la primera pregunta, se debe hallar una línea de acción que no sea contradictoria sino íntima y completa, una que no produzca más daño ni confusión. Averiguarlo es un problema individual y, para Krishnamurti, ¡es el único problema de la vida!

Descubrir una acción que no sea fragmentada, que no sea contradictoria, que sea continua, íntima, completa, total y que, por lo tanto, no origine más sufrimiento.

3. Examinar la vida

Krishnamurti propone examinar y observar este problema llamado vida, cada día y cada minuto para encontrar si hay una acción, un modo de vivir en el que haya gozo sin violencia, brutalidad ni contradicción, dependencia o imitación. El propósito no es encontrar una idea abstracta, un concepto filosófico ni teoría, sino más bien una manera real de vivir.

El fracaso: lugar de paso previo a la construcción

A partir de estos tres puntos que, a su vez, revelan un método para descubrir, el fracaso cobra otro sentido. Ahora no se puede entender el fracaso como algo opuesto al éxito, sino como parte de la reflexión que Krishnamurti invita a hacer: observarse a partir de lo que uno es, sin situar al mundo por fuera de uno mismo.

En este sentido, el fracaso sólo se puede comprender desde cada uno, pero como una unidad armoniosa, sin fragmentación sino en su totalidad.

De nuevo, el fracaso no como un lugar fijo sino de paso, previo a la construcción de algo por venir. Como la mancha a la que se refería el pintor Francis Bacon, mencionada en un post anterior, y cuya potencialidad, al igual que en el fracaso, se esconde en la posibilidad de verla o vivirla sin fragmentación.

Y, con ustedes, Krishnamurti:

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