Entre lo literario y lo histórico: una reseña de «Una holandesa en América»


En esta reseña, el autor se enfoca en dos puntos de análisis para profundizar en la novela de Soledad Acosta de Samper. Un contenido que alimenta la exploración literaria propuesta por el Club de Lectura Virtual y su plan 5 Libros en 2022. Si estás leyendo este libro y quieres compartir tus impresiones, te invitamos a enviar tu colaboración a editores@diariodepaz.com. Escribir nos une 🤓.

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Por Gerardo Ovalle

La novela Una holandesa en América nos transporta a la Colombia de mediados del siglo XIX, debido a un énfasis particular que hace la autora sobre los eventos en torno a la revolución de 1854.

Desde el punto de vista literario, la narración nos lleva de la mano de Lucía. Joven nacida y criada en Holanda, su infancia y los primeros años de su adolescencia los vive bajo el amparo de su tía y en compañía de su prima, quienes serán como una madre y una hermana para ella. Su padre vive en Colombia y llegado el momento la reclama a su lado. Lucía emprende pues un viaje que le hará vivir la aventura de cruzar el mar, conocer el nuevo mundo y ver las diferencias con el continente que ha dejado atrás. Sus descripciones recuerdan a las de Jorge Isaacs en la novela María (1867); son bellas y llenas de amor. Aquí un fragmento de la obra:

“Multitud de pájaros de todos tamaños y colores cantaban revoloteando aquí y allí, apareciendo y desapareciendo repentinamente entre las ramas; sobre cada tronco caído o pequeña isla compuesta de plantas acuáticas se veían bandadas de elegantes garzas blancas, que levantaban sus níveas cabezas para mirar con curiosidad a los transeúntes del bote, que se deslizaba como una aparición bajo el sombrío follaje de los árboles; mostrábanse las feas caras de los monos tras de las hojas de los árboles más altos, formando contraste con las flores de vivos colores que se enlazaban y mecían como guirnaldas en un salón de baile”.

Si bien otras de las obras de la autora fueron claramente de corte costumbrista, es claro que aquí desaprovecha lo que, a ojos de Lucía, pudo ser el encuentro con una vida en un territorio tan diferente al que la vio nacer. Así comenta la narradora, refiriéndose a la protagonista:

“Llenóse de pena, fastidióse en extremo a pesar de la buena acogida que tanto ella como sus compañeras recibieron de la culta sociedad de Santa Marta; pero aquella franqueza misma y modales, idioma y costumbres tan diferentes de los que le eran habituales le causaron impresión desagradable”.

La moral, el honor y la religión –en particular la católica– marcan el destino de los protagonistas. También, como líneas temáticas, son evidentes el ascetismo como única forma de vida, y la mujer en un papel de civilizadora, con multitud de deberes, pero sin derechos en la sociedad a la que pertenece.

“Mi vida diaria no puede ser más ocupada: no por virtud ciertamente, sino por hábito, jamás puedo estar ociosa. Si durante el día atiendo sin cesar a los oficios domésticos de la familia, por la noche enseño a leer y escribir a Burns y Moore, los cuales, a pesar de la edad que tienen, no lo saben sino muy imperfectamente”.

En el aspecto histórico –y aquí enumero algunos peros– atañen a la obra los sucesos del golpe de Estado de José María Melo (presidente entre abril y diciembre de 1854). Al respecto, y como dijo George Orwell “la historia la escriben los vencedores”

Si bien es cierto que lo básico que la historia pide se menciona –golpe de Estado, incursiones, batallas menores, la batalla principal y el final feliz de los constitucionalistas–, los perdedores, por la sola razón de serlo, han de ser los malos de esa historia. 

Es importante tener presente que Una holandesa en América fue publicada por entregas en el folletín del periódico bogotano La Ley, en el año 1876, es decir, más de 20 años después de la revolución de 1854. Para esa época, el general Melo ya había sido juzgado y condenado por traición. Durante el juicio, la parte acusatoria no pudo comprobar el delito de asesinato, empero ella lo cataloga de asesino.

“La situación se complicaba por estar la fuerza armada en manos del General José María Melo, soldado rudo e inepto, sobre quien pesaba una causa criminal, por haber muerto alevosamente a un Cabo del Cuartel de Caballería, el primero de enero al salir de un banquete en Palacio”

Para la autora, la revolución de 1854 constituye un capricho de un general con ambición de poder, las peticiones de los artesanos y el clamor del pueblo no son dignos de mención. 

“…al contrario, decíase que de Palacio salían los borradores de las hojas sueltas subversivas que se leían en todas las esquinas, en las cuales se llamaba a las armas al pueblo y se señalaban a la venganza de este las casas de los ricos”.

Soledad Acosta de Samper fue una pionera al incursionar en un campo donde los hombres dominaban, muchos lo atribuyen a que recibió una educación privilegiada por ser hija única y vivir parte de su vida en Europa. Lo cierto es que con su trabajo ha rescatado a la manera de Benito Pérez Galdós, muchos de los episodios de nuestra historia. 

Esta no es solo la historia de una joven mujer llegada a América en busca de su familia, aquí están retratadas las vidas de sus seres queridos, el amor, el odio, la fe y la esperanza por encontrar aquello que llene nuestra alma y nos haga alcanzar la felicidad.


Esta novela está disponible para descarga en este enlace. También puedes leerla en línea en el Internet Archive, siguiendo este enlace.

Escrito por

Ingeniero de sistemas apasionado de la lectura. Mi papá acostumbraba a leer novelas de bolsillo, las que más le gustaban eran las de vaqueros, primero se quedaron en mi memoria los nombres de Keith Luger, Silver Kane y Marcial Lafuente Estefanía; antes que los de Garcia Márquez o Rafael Pombo. Los mundos que descubría a través de cada página tan solo avivaban el deseo por leer más y ahora después de tanto tiempo el fuego no se extingue.

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