Música de gaitas para la paz en Colombia. Viaje al universo de las gaitas [Primera Parte]

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Este es un viaje al interior del Caribe colombiano, al corazón de los Montes de María y a la manifestación musical de gaitas. Un viaje que muestra cómo una región impactada durante años por el conflicto armado ha resistido con su fuerza, su canto y sus tradiciones artesanales y sonoras. Te invitamos a leer con la música de gaitas de fondo.

Suenan gaitas en los Montes de María

mapa gaitasEsta historia comienza en los Montes de María, una serranía costera ubicada en el Caribe colombiano, conformada por 15 municipios de los departamentos de Bolívar y Sucre. En esa región, según cuenta Juan Carlos Díaz, gaitero y actual vicepresidente de la junta directiva del Festival Nacional de Gaitas,  hacia los años de 1910, grupos de indígenas y negros se aglomeraron en las serranías, bien adentro, para huir de los españoles. Años más tarde regresaron a sus tierras, pero ellas ya habían sido refundadas.

En estas comunidades se elaboraban instrumentos de viento a partir del cardón, una especie de cactus. Los llamaban chuanas, kuisis o suarras. Hoy en día a estos instrumentos se les conoce como gaitas, y son el centro de una manifestación musical exclusiva de Colombia. Se cuenta que era costumbre que los gaiteros interpretaran su música en los montes, después de las jornadas de trabajo. También las tocaban en ocasiones especiales, como las festividades religiosas o fiestas patronales. Durante estos eventos, los campesinos se desplazaban hasta el pueblo para celebrar con gaitas. Así cuenta Juan Carlos Díaz, el origen de esta expresión musical en Colombia:

A lo largo de su historia, los Montes de María, tal como relata el sociólogo Alfredo Molano, ha vivido un largo conflicto agrario y social. Durante los años más crudos del conflicto armado, por ejemplo, los Montes de María fueron escenario de confrontaciones armadas entre guerrillas, paramilitares y ejército. Allí sucedieron hechos tan violentos como la masacre paramilitar de El Salado, en la que fueron asesinadas 66 personas en febrero del año 2000.

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Documental Biodiversidad de Los Montes de María. Instituto Alexander von Humboldt

La música de gaitas persistió en medio de la violencia en la zona, o incluso, como una vía de escape frente a ella, y continuó consolidándose como expresión cultural, tradicional y folclórica de la región. Pero esto no sucedió de manera espontánea. Fue la decisión de un grupo de personas del municipio de Ovejas, Sucre, quienes se reunieron en 1985 con el propósito de rescatar esta música y hacer elevar el sonido de las gaitas por sobre el ruido de la guerra. Programaron un primer festival de gaitas durante las fiestas patronales de San Francisco de Asís, en el que participaron más de 12 grupos de gaiteros de la región.

Desde la década del ochenta, este evento se convirtió en lo que hoy se conoce como el Festival Nacional de Gaitas en homenaje, paradógicamente, al tamborero Francisco Llirene. “Él era una persona muy sencilla, muy amable, muy cariñosa con la comunidad. A casi todos los gaiteros que existían en la zona les gustaba tocar con él”, comenta Juan Carlos.

Ovejas, un pueblo que respira música de gaitas

Cada año, decenas de gaiteros, tamboreros, bailadores, cantaores y cantaoras, se encuentran en el municipio de Ovejas, Sucre. Para llegar a Ovejas, se toma la Troncal de Occidente, partiendo desde la ciudad de Sincelejo se pasa por Corozal, El Rincón, Puerta de Hierro y El Piñal. Después de una hora de viaje, una valla les da la bienvenida a los visitantes.

 

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Durante los cuatro días que dura el festival, este pueblo vive a ritmo de gaitas y tambores. En sus casas y colegios se hospedan y alimentan los grupos de músicos y bailadores, las delegaciones de comparsas, los aprendices de la tradición, los periodistas y los amantes de esta cultura. Las gaitas resuenan en la Plaza principal y los tambores retumban en los patios de las casas donde hay ensayos.

Cada año, este festival reúne hasta sesenta grupos participantes. Los músicos compiten en diferentes categorías como gaita larga (profesional y aficionados), gaita corta única, canciones inéditas, escuelas de gaitas infantil y juvenil. Los bailadores también participan en diferentes modalidades.

Según el actual Presidente de la junta directiva del festival, Aníbal Jiménez Díaz, se estima que cada día del evento, más de cinco mil personas ocupan la plaza principal del pueblo de Ovejas para ver y oír el espectáculo musical de las gaitas.

Además de estas modalidades, Juan Carlos Díaz, cuenta que de los mismos jóvenes de la región surgió la iniciativa de aprender de los maestros. Por eso, con los años, además de las competencias en las distintas modalidades, durante el Festival participan más de ciento cincuenta niños y jóvenes, quienes hacen parte de las Escuelas de Formación Musical y representan el “relevo generacional” de esta tradición.

El Festival Nacional de Gaitas, un ejemplo de resistencia

Juan Carlos, cree que con los años este festival convirtió a Ovejas y a la región en un modelo, pues a través de la música pasaron a ser un generador de sensibilización del ser humano. Muchas personas empezaron a participar al ver que la guerra se les estaba llevando los hijos y acabando con las familias, empezaron a manifestarse con música de gaitas.

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Plaza principal del municipio de Ovejas. Segundo día del Festival.

“Ovejas es un pueblo que se levantó de los horrores de la guerra”, dice Juan Carlos. “La música nos dio a conocer y nos hizo sentir tan orgullosos que ya empezamos a ver con otra perspectiva la vida del ser humano. Vimos que no teníamos que ser violentos, al contrario, alegres como nuestra música”.

Beatriz González, actual fiscal de la Junta Directiva del Festival, explica así el funcionamiento de la organización que hace posible que este Festival exista: “Son 42 asociados del Festival. Ellos eligen cada dos años la Junta Directiva, que es la encargada de realizar toda la puesta en marcha del mismo”.

En la actualidad, el Festival Nacional de Gaitas recibe recursos del Ministerio de Cultura, del Fondo mixto de la Gobernación de Sucre y de la Alcaldía de Ovejas; además del patrocinio de otras entidades y personas del municipio que se vinculan para mantener viva la tradición.

Así se vivió el Festival de 2017

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Acto conmemorativo de entrega de “La mohana” a las mujeres homenajeadas durante este Festival. 

Este año, la edición XXXIII hizo un reconocimiento público a las mujeres que han contribuido con esta tradición; tal esel caso, de Norella Prada, quien fue la primera mujer en participar en el concurso como gaitera en 1988; o de Flor María González, la primera mujer ganadora de la mejor canción inédita en 1991; o Marqueza Eva Mercado, una de las grandes compositoras de esta música.

La organización también reconoció la labor de todas aquellas mujeres que desde el área administrativa, las Escuelas de Formación o la Organización con tal, han estado contribuyendo para mantener vivo el Festival y la manifestación musical.

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Maestro Sixto Silgado “Paíto”, uno de los últimos intérpretes de la gaita negra.

Además de la música de los diferentes grupos de gaitas largas y cortas, en este Festival el público pudo disfrutar de la presencia del maestro Sixto Silgado, “Paíto”, uno de los últimos intérpretes de la gaita negra, es decir, el estilo musical que tienen las personas de raza negra, originarias de los municipios de San Onofre, María La Baja, entre otras poblaciones de la parte baja de los Montes de María.

El público también aplaudió de pie la interpretación de la canción inédita “Gaitero en la lejanía”, de Deimar “Pio” Molina, quien con su voz cantó la tristeza de un gaitero que en un mes de octubre no pudo ir a Ovejas ni al Festival.

Por trigésimo tercer año consecutivo, los amantes de la música de gaitas tuvieron su Festival. Ovejas bailó en ritmo de porro, gaita, merengue y cumbia, y Colombia sigue teniendo en el corazón de los Montes de María, viva y saludable, una manifestación musical que impulsa la vida y la cultura de esta región y del país.

 

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El especial “Música de gaitas para la paz”, es producido por la periodista Lina Flórez, con apoyo editorial de Diario de Paz Colombia.

En portada: el maestro Sixto Silgado, “Paíto”, y la agrupación Gaiteros de Punta Brava, de Cartagena, durante una presentación de Gaita Larga Profesional.

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