“Delirio”, de Laura Restrepo: entre la locura y la redención

En este texto, una socióloga y lectora manizalita reflexiona sobre la octava obra del reto 10 Libros en 2020, del Club de Lectura Virtual. ¿Qué le llama a ella la atención de esta obra y qué conexiones hace con la realidad colombiana? Si tú también estás leyendo esta novela, anímate y escribe con nosotros.

Por María Clemencia Vallejo Jiménez* [Manizales]

En el libro Delirio, de la escritora Laura Restrepo, se entrecruzan simultánea y rítmicamente distintos episodios de secretos familiares que involucran a tres generaciones y que explican el origen de la locura de Agustina, su protagonista. La evasión de la realidad a la que inconscientemente se ve avocada es la respuesta a un sinnúmero de heridas y tragedias familiares sin resolver que persisten pese al paso del tiempo, prometiendo ser más actuales que nunca. 

El regreso del Bichi a Colombia, hermano de Agustina, se convierte en el pretexto que desencadena otra crisis, quizás la más profunda que Aguilar, esposo de la protagonista, había presenciado desde que la conoció. Su impotencia por no poder ayudarla le revela lo poco que la conoce y le recuerda aquellos momentos en los que ella quiso hacerlo partícipe de su historia sin recibir atención de su parte. 

En Agustina confluyen y se dan cita no solo los dolores que quedaron como consecuencia de su insistente esfuerzo por atraer la atención de su padre y la protección permanente que asumió hacia su hermano homosexual, sino que, sin saberlo, en ella habitan los fantasmas familiares que ya presagiaban su tendencia a la locura. Su abuelo alemán, Nicolas Portulinus, cargaba con una dosis de delirio que lo llevó al suicidio en un río de Sasaima. La hermana de éste terminó siendo obligada al ostracismo por una extraña enfermedad de la carne y, sobre todo, los fantasmas de las tristes realidades familiares que, en respuesta al silencio y a la evasión con las que se intentaban ocultar, quedaron resistiendo en el ambiente atravesando con persistencia las historias de las tres generaciones de la familia narradas por la autora. 

En esta novela también tienen lugar los dolores negados por sus antepasadas, desde su abuela, que tuvo que convivir con la homosexualidad soterrada de Nicolás, hasta su madre Eugenia, que para evitar ver en ruinas la apariencia de su matrimonio feliz prefirió no reconocer la traición de su esposo y de su hermana. 

Estos episodios se entretejen y materializan en el delirio de Agustina que, en sus peores momentos, parece ser acechada por los recuerdos, sin darle tregua a Aguilar. Mientras la acompaña, él hace un esfuerzo por desentrañar aquello que se oculta en la indiferencia lapidante de su compañera. 

La novela nos muestra los estragos que puede generar en una persona esa pesada herencia de la historia familiar, pero sobre todo, el peso de los conflictos sin resolver que generan una latencia constante de la crisis, un enfrentarse al abismo sin previo aviso. Con la figura de Aguilar, que lejos de ver una causa perdida en Agustina, se confronta con su realidad para comprenderla, parece hacerse un llamado al escrutinio amoroso de nuestro pasado, para mirar de frente a los fantasmas que nos habitan y con esmero deshacerlos hasta su completa disolución. 

Más allá de la saga familiar que se intenta vislumbrar desde este análisis, es sabido por los lectores de Delirio que la obra pretende ser un reflejo de la sociedad de la élite colombiana, a la cual estaba adscrita Agustina: una mujer acomodada cuya riqueza familiar se servía del negocio del narcotráfico, así como de una fachada que acudía a la narrativa de la “gente de bien” para pasar desapercibida en una sociedad hipócrita. La redención de Agustina -que bien podría ser la de Colombia- es darle la espalda a ese camino, enamorándose de Aguilar, un profesor de literatura retirado que para ganarse la vida vendía comida para perros y que le ofrece un amor genuino, lejos de la dictadura de las apariencias.

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* María Clemencia Vallejo Jiménez es socióloga y magíster en Historia y Memoria.

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