Wuasikamas: guardianes de la vida y el territorio. Un proyecto del pueblo Inga en Nariño


Este contenido hace parte del especial Aprendizajes de paz y medioambiente, producido por la Fundación Compaz. Conoce y comparte un conjunto de cinco experiencias de reconciliación con el medioambiente en los territorios de Colombia.


“La misión de ser Wuasikamas es ser guardianes de la frontera del territorio, cuidadores de la naturaleza. Así hemos tenido la fuerza para seguir adelante y fortalecer el proceso de la economía, la educación, con los jóvenes y las mujeres”.
Entrevista con Hernando Chindoy

Guardianes de la vida y el territorio es un proyecto de la comunidad indígena Inga, en Aponte –El Tablón de Gómez– Nariño, al sur de Colombia. Esta comunidad ha adelantado un proceso de sustitución de cultivos de amapola y ha dado vida a una iniciativa de desarrollo económico basado en el cultivo y procesamiento de productos como la arveja y el café.  

Esta iniciativa se apoya en la cosmovisión de la comunidad inga, para quienes lo medioambiental tiene un valor crucial. Hace quince años, este proyecto fue el primer caso exitoso de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito en Colombia y continúa hasta el día de hoy, sobre todo por la persistencia e interés de su comunidad.

En gran medida, la decisión de dejar los cultivos de uso ilícito y transitar hacia formas más sostenibles de vida se fundamentó no tanto en la necesidad de alejar a sus territorios de las dinámicas del conflicto, como en la voluntad de reconciliarse con la naturaleza no humana que se estaba viendo muy afectada por la violencia. 

Wuasikamas comenzó como parte de un proceso de investigación impulsado por Hernando Chindoy Chindoy, elegido en diciembre de 2002 como Gobernador del Resguardo de los Inga en Aponte –El Tablón de Gómez–, Nariño. En 2003, Hernando asumió los destinos de una comunidad que había estado sumida en una resquebrajada gobernanza. Ese mismo año, los incas recuperaron legalmente 22.283 hectáreas del territorio ancestral y, en 2004, eliminaron por completo todas las plantaciones de amapola (2.500 hectáreas), asumiendo un modelo que en la actualidad comienzan a recorrer unos 115.000 campesinos en todo el país. Hoy, los habitantes de la comunidad Inma viven de la granadilla, la trucha, las gallinas ponedoras y, sobre todo, de un aromático café especial de altura que también lleva el nombre de Wuasikamas y que se comercializa en la capital de Colombia.

La toma de conciencia y el trabajo comunitario llevaron a los ingas a tener una transformación conjunta respecto a los medios de producción y a la generación de ingresos en la comunidad. Con disciplina lograron establecer una planta de procesamiento y, desde el año 2010, un total de 380 familias dependen directamente de la producción de café, cosechando cerca de 370 toneladas. Esta es una iniciativa que cuenta con reconocimiento nacional, su marca está registrada desde 2017 y aspiran a contar muy pronto con licencia de exportación del café. 

Un modelo de trabajo comunitario

El proyecto Wuasikamas inició con 951 familias inga y actualmente impacta a 27.500 personas indígenas de todo el pueblo inga de Colombia, lo cual da cuenta de la sostenibilidad y escalabilidad de sus acciones y del modelo de trabajo comunitario empleado. Desde el fortalecimiento económico y ambiental, a nivel global Wuasikamas es una iniciativa de Paz Biocultural que para 2027 proyecta estar presente en diez ciudades capitales de distintos países con la intención, como comenta Hernando Chindoy, de: 

Compartir desde el alimento y el arte indígena, que la paz no solamente es necesaria entre seres humanos, sino fundamentalmente entre el ser humano y los seres no humanos que conforman la naturaleza o la biodiversidad; recursos que son parte del préstamo que las generaciones futuras nos han hecho para vivir en el presente y que es a ellas a quienes debemos devolverles esta casa, no convertida en un desierto sino con el vestido verde y azul que salvaguarda la vida en la Tierra”.

Desde esta iniciativa hay un especial interés por compartir sus saberes con otras comunidades, además de intercambiar sus experiencias de resistencia y lucha para la protección de la tierra y para la construcción de una sociedad que pueda tramitar de forma pacífica sus conflictos. Así lo afirma Hernando Chindoy:

“Lo que buscamos es seguir compartiendo con otros. Si bien es un caso de indígenas, otras comunidades no indígenas, campesinas, han ido aprendiendo y han ido a sus comunidades a enseñar lo que han aprendido con nosotros. Deseamos que nuestros jóvenes compartan la historia en las universidades o en espacios públicos y privados”.

El proyecto de fortalecimiento económico inició con la siembra de arveja, aparte de la amapola. Ahora el pueblo inca siembra café, arveja y desarrolla piscicultura. También, como parte del plan de su comunidad, se insiste en la conformación de una universidad que pueda ser capaz de integrar los saberes ancestrales con la ciencia y la investigación Occidental, en clave de respeto por la naturaleza, por los seres humanos y por los no humanos. Actualmente, por su reconocimiento nacional e internacional, Wuasikamas sirve de fundamento en la lucha por crear y establecer la Universidad Biocultural Panamazónica (AWAI), una iniciativa que requiere todo el apoyo y la solidaridad nacional e internacional.

Es importante señalar que para quienes lideran esta iniciativa los factores de éxito que identifican en su proceso están relacionados con el trabajo colectivo, así como con el reconocimiento y profundo respeto hacia el saber ancestral de los abuelos, el trabajo de hombres, mujeres y jóvenes para pensar cómo construir paz en medio de la guerra. 

Para un pueblo indígena como el inga, es claro que el principio de la colectividad es lo que los ha mantenido vivos después de quinientos años de estar en una lucha constante como consecuencia de la diversidad de culturas presentes en los territorios. En esa medida, en los valores de la perseverancia y la disciplina están las bases de su éxito. Adicional a esto, consideran que tener siempre presente los procesos de relevo generacional es muy importante para el fortalecimiento del conocimiento y la transmisión y creación de nuevos saberes con los jóvenes.  En palabras de Hernando Chindoy:

“Como pueblo inga, todo el pensamiento humano debe estar ligado al pensamiento de lo que son los seres no humanos; la montaña, los páramos, la danta, el oso de anteojos, también son parte de nuestra familia. No podemos concebir nuestra vida sin la de ellos”. 

Este contenido hace parte del especial Aprendizajes de paz y medioambiente, producido por la Fundación Compaz. Conoce y comparte un conjunto de cinco experiencias de reconciliación con el medioambiente en los territorios de Colombia.

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