¿Qué será la paz?

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Hasta hace algunos años, en Colombia solo se hablaba de guerra. Todos los días y por todos los medios, los colombianos nos acostumbramos a ver y oír un léxico de terror que, para una gran mayoría, se volvió paisaje. Yo misma sentí cómo durante mi infancia, adolescencia y juventud, esas repetidas connotaciones del horror pasaban de largo por mis oídos, por mis ojos; una guerra en Colombia que parecía pasar solo en televisión, que no me incluía a mí.

Para quienes vivimos la guerra “desde afuera”, ese léxico de terror no tuvo ningún interés sustancial, y muchas palabras que describían el drama del país fueron cayendo en la canasta de los lugares comunes: guerrilla / paramilitares / narcotráfico / secuestro / homicidio / atentado / bomba / tortura / desaparición / desplazamiento forzado / reclutamiento de menores / minas antipersonal / hostigamiento / violación / y un largo etcétera.

Pero ahora resulta que en Colombia solo se habla de paz. Unos dicen que qué bien la paz, y otros dicen que qué mal la paz. Algunos celebran el fin de la guerra y otros condenan la firma de un acuerdo entre guerrilla y gobierno. En pocos años, esa palabrita cortita y contundente se ha convertido en el monosílabo de moda, y, para ser sincera, mientras más la veo impresa y más oigo que la pronuncian, menos idea tengo de lo que es.

Porque esa paz de la que hablamos en Colombia, es, más que una sola palabra, el centro de un léxico por aprender. Si no sé qué significa la paz, mucho menos sé qué significan justicia transicional / reconciliación / verdad / reparación / participación política y ciudadana / reordenamiento territorial / y un largo etcétera.

Por eso, después de más de quince años de llenar cuadernos con mis diarios personales, decidí dejar de mirarme el ombligo y dedicarle muchas horas a estudiar, preguntar, reflexionar sobre lo que significa ser ciudadana en este complejo contexto de país. Como millones de colombianos, yo misma no sé por qué ha pasado lo que ha pasado; no sé cómo contarles a mis dos hijos fragmentos de cincuenta años de guerra; no sé cómo seguir adelante como mamá, como periodista, como persona, si no pongo por un momento los pies en la tierra y averiguo qué somos, qué hemos sido y qué nos espera como sociedad.

Y solo a manera de presentación, quiero que sepan que soy una colombiana común y corriente. Nacida y criada en un pueblo frío y montañoso. Una colombiana que no militó en la guerrilla, no prestó servicio militar ni se unió a los paramilitares. Una que nunca ha estado secuestrada ni ha pisado una mina antipersonal; una “de buenas” más que ha vivido la guerra solo por televisión.

Hoy, como nunca antes, me siento llamada a revolcar mi escritorio de periodista y a subrayar documentos y libros en busca de huellas, pistas, análisis y conceptos. Espero que este diario digital aporte en algo a lo que quiero que disfruten mis hijos: un país en el que a pesar, o más bien a razón de nuestra historia, los que quedamos vivos podemos y queremos vivir en paz.

11 comments

  1. Comparto tu pensamiento y me encanta que aun al pasar los años, los momentos, los diferentes ciclos de la vida, nos demos cuenta que tenemos una obligacion personal con nuestro entorno, con nuestro pasado, nuestra realidad , pero sobre todo con el pais que algun dìa heredaremos a nuestros hijos. Te feloicito compañera por tan sentidos pensamientos.

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