“Dejen que viva a mi modo, nadie morirá por mí”: Manuel Mejía Vallejo

Este artículo hace parte de la serie Leer un poema, una selección de poesía colombiana hecha en colaboración con los lectores. Participa recomendando la lectura de un poema colombiano.

Manuel Mejía Vallejo (1923-1998) decía ser un inventor de juguetes, un buscador de palabras. “Tal vez soy hechura de un tiempo distinto, su malhechura, alguien que no puede ser desleal a su tiempo ni a su gente. Soy lo que se mira, acostumbrado a verse perdidoso cuando ganar es la demagogia de las verdades mutiladas, cuando en ciertos momentos la vida no pasa de ser una simple obligación”.

Nacido en 1923 en el municipio de Jericó, Antioquia, Manuel Mejía Vallejo dedicó toda su vida a la literatura. Compuso 11 novelas, más de 200 cuentos y más de 500 poemas, incluídas coplas y décimas. Como describe el poeta colombiano Santiago Mutis en un ensayo titulado Una oposición que se llama vida, este autor ” escribió su primera novela a los 20 años, en plena y ardiente juventud, lo cual explica su inmanejable abundancia, la avalancha de emociones, su desbordante y espléndido caos, y el magnífico espectáculo de vida que nos brinda con su don natural de narrador: el de permitirnos ver nacer a un hombre y al mismo tiempo a un escritor”.

En lo que respecta a su obra poética, en el prólogo al tomo Poesía completa de Manuel Mejía Vallejo, el poeta colombiano José Manuel Arango, comentó que “La poesía de Manuel Mejía Vallejo nace de su narrativa, es como una rama que se separa natural y progresivamente de su tronco para adquirir rasgos propios. Como si fuera uno más de los personajes de sus novelas, uno de esos hombres que van de aquí para allá en continua trashumancia, pero siempre acompañados de su guitarra, el autor rompe de pronto a cantar sus coplas y décimas. Porque, como acostumbraba repetir cuando estaba con sus amigos, alrededor del fuego y de una botella y con el acompañamiento de sus músicas preferidas, lo importante es la canción”.

Para Manuel Mejía Vallejo, las coplas y décimas le alegran el corazón a quien va de pena larga. Las siguientes son algunas de las cien décimas que componen el libro El viento lo dijo, publicado en 1981 por la Universidad de Antioquia.

El viento lo dijo

Manuel Mejía Vallejo

A ratos suelo pensar
una verdad sin reproche:
pasar en vela la noche
no equivale a madrugar.
También suelo argumentar
cuando estoy de buen humor
otra verdad de cantor
ligado a sus pareceres:
conocer muchas mujeres
no es conocer el amor.

Todos me dicen que viva
de esta o de otra manera,
todos me dicen que muera
hacia abajo o hacia arriba.
Todos dicen en qué estriba
la brega que yo asumí
desde el día en que nací
para jugarme del todo.
Dejen que viva a mi modo,
nadie morirá por mí.

Si la muerte es como el mar,
la vida es como la espuma:
que se bañe con totuma
el que no sepa nadar.
Hay que aprender a saltar
pues la vida es trampolín:
ni diablo ni serafín
se salvará en la redada
que nos extiende la nada
desde el principio hasta el fin.

Lo quiera o no, viajaré
con el mundo o sin el mundo;
todo ser es vagabundo
del espacio, me lo sé.
Aún ignoro por qué
–hacia adelante, hacia atrás–
nadie llegará jamás
si a su destino se aferra:
no pasa de ser la tierra
otro vehículo más.

Después de tanto estudiar
llegamos a saber nada;
después de cada llegada
volvemos a comenzar.
Nadie deberá ignorar
si en el estudio confía,
que el hombre nunca podría
saber nada de su suerte,
y así encontrar en la muerte
su mejor sabiduría.

Vendrás un día a mi casa
de vino y pan en la mesa,
y otra forma de tristeza
que ni el olvido acompasa.
El tiempo que todo arrasa
dice la sola palabra
que contra el tiempo me labra
este afán de no andar muerto.
Si mañana estoy despierto
diré a mi puerta que te abra.

Amor es algo que un día
llegará a nuestra morada,
o es una cosa pasada
que siempre asoma tardía.
Nadie forme algarabía
con su amar y su olvidar;
uno y otro ha de pasar
como si fueran inmunes:
si toda la vida es lunes,
no hay domingo qué guardar.

Para mis labios cansados
de palabras y de besos,
no me quedaban sino esos
besos que me rehusabas
del amor y otras mentiras,
me mirabas como miras,
como si fuera pasado
este mi vivir al lado
del silencio que respiras.

Muchacha de senos duros,
no apresures tu caída
pues el amor no convida
sino en avaros conjuros.
Rara vez están maduros
dos senos y un corazón,
los labios y la canción,
un sexo y una constancia,
el punto junto a la errancia
o el reclamo en la razón.

Te daba el viento en la cara
–los caballeros contra el viento–
como si el golpe violento
de aquel viento te violara.
Para que se relievara
tu vientre en temblor ardido,
se te ceñía el vestido
a los muslos y a los senos,
con tan hondos desenfrenos
que el viento siguió en gemido.

Aún recuerda mi guitarra
las canciones de otros días,
cuando tras las melodías
iba el corazón de farra.
Si hoy por hoy no se desgarra
cuando la noche la llena,
no es que aparezca serena
sino que al fin aprendió
a esconder, como hago yo,
bajo el silencio la pena.

Por ser cierto lo del fardo
que traemos al nacer,
desde antes de caer
camino con paso tardo.
Iré sobre el barro pardo
sin metro dónde acampar,
sólo por justificar
esta verdad medio trunca:
el que no ha salido nunca
tampoco puede llegar.

Mi canción andará sola
por las puntas del camino,
dejando al paso su trino
donde la queja arrebola.
Si un viento bravo la inmola
tristea más hondo el vuelo
como el último pañuelo
de la total despedida:
tal vez le quedará vida
para volar hasta el suelo.

Anoche vino la muerte
a tomarme las medidas,
pero no busqué salidas
porque me sentía fuerte.
Sin embargo el alma advierte
que ser fuerte para huir
cuando debemos vivir
no es ninguna fortaleza:
la debilidad empieza
con fuerzas para morir.

sigue-leyendo-2

Conoce los demás poemas publicados en la serie Leer un poema:

Si quieres saber más sobre la vida y obra de Manuel Mejía Vallejo, puedes leer esta antología, parte de la colección Un libro por centavos, publicada por la Universidad Externado de Colombia, el Estudio Bio-bibliográfico, escrito por Augusto Escobar Mesa, y “Manuel Mejía Vallejo, narrador del recuerdo”, un ensayo académico, de Eliana María Urrego Arango.

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¡Busca sus libros! Durante cincuenta años de trabajo literario, Manuel Mejía Vallejo escribió 11 novelas, más de 200 cuentos y relatos, 4 libros de poemas, con un total de 575 poemas: 100 décimas, 400 coplas y 75 poemas. También escribió ensayos, conferencias, prólogos, comentarios de libros, entre otros textos. Entre sus obras más conocidas están Tiempo de sequía (1957), El día señalado (1963), Cuentos de zona tórrida (1967), Aire de Tango (1973), La noche de la vigilia (1975), y La casa de las dos palmas (1988).

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