El placer de la relectura. La vorágine vista por una lectora ecuatoriana

Susana Dávila Fernández se unió al Club de Lectura Virtual desde donde nació y reside: Ecuador. Aunque ya había leído el primer libro, lo releyó y se animó a compartir sus impresiones con los demás lectores del club. ¿Por qué la sobrecogió esta novela? Un contenido del especial Leer para entender La vorágine.

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Por Susana Dávila Fernández*

Acabo de releer La vorágine y la pena y nostalgia me embargan, como cada vez que termino de leer un buen texto estético.

Me temo que sumergirse en la lectura de José Eustasio Rivera es todo un reto, pues pequeñas triquiñuelas nos engañan a los lectores, como la carta que antecede el relato y que aparentemente la dirige el autor a un ministro; esto nos invita a pensar que se trata de un texto autobiográfico, pero nada más alejado de ello; o como el atisbo de la historia romántica de Arturo Cova y Alicia que se inicia en Bogotá y que se rompe en Hato Grande.

Sin embargo, la historia verdadera se plasma en la selva en la que se desarrollan una serie de acontecimientos en medio de un espacio monstruoso y malicioso que no da tregua a los personajes. El narrador de la novela da paso a una denuncia que se articula al movimiento literario de la época, el realismo social, pero que en la obra de Rivera logra dimensiones épicas y míticas que tendrán eco en la posterior narrativa colombiana.

Como lectora, disfruté del viaje por la selva tropical, sin embargo, algunas veces el entorno es tan encerrado que ahoga al protagonista que en un tono lírico se manifiesta:

¡Oh selva, esposa del silencio, madre de la soledad y de la neblina. ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde?

En la segunda y en la tercera parte de la novela, me agobiaron los sufrimientos y las experiencias dolorosas que enfrentan sus personajes, tanto de Cova y su permanente sentido trágico de la vida: la pérdida de la pareja, el constante fracaso de sus ensoñaciones.

No obstante, lo que más emociona es la voz de don Clemente cuando describe los atropellos que sufren los humildes trabajadores que extraen el caucho de las plantaciones y se queman las manos en la preparación de la masa que luego venden a sus patrones y estos les pagan precios de miseria. Me asombra las pasiones que se desatan en personajes como Griselda o Zoraida Ayran que rompen el esquema de la mujer frágil que representa Alicia.

Algunos detalles de la estructura narrativa me llamaron la atención: la trama no es cronológica sino fragmentada. Eso exige un lector atento, activo –como lo llamara Julio Cortázar–, un lector que aporte con la reconstrucción de la historia. Los resortes narrativos disparan cada historia que se cuenta con un lenguaje polifónico, es decir, que nos permite escuchar las voces de cada personaje, percibir su percepción del mundo con un lenguaje natural que nos atrapa y nos motiva a buscar los múltiples significados de ciertos términos.

La creación de los personajes es otro hallazgo invalorable y que cobra verosimilitud en la novela; Cova es un personaje que a veces nos enoja por su rudeza típica del macho de la época, pero que en la intimidad se declara débil emocionalmente y entonces nos apena. Don Clemente se convierte en el protagonista de la segunda parte, que se devela manifiesta como un hombre mayor que posee una prodigiosa memoria, que lucha contra el sistema para encontrar los restos de su hijo. Me llama la atención que se manifiesta como un gran conocedor del ambiente cultural y natural de la zona selvática amazónica y el respeto que mantiene de los mitos de la cultura, pero me rompe el corazón cuando relata la vida de los pobres caucheros, víctimas de la esclavitud y de la miseria.

Uno de los mayores méritos de la escritura de Rivera es la fuerza narrativa que en cada parte nos sobrecoge y nos obliga a leer morosa y cuidadosamente para no extraviarnos en el relato ni en la selva. Creo que La vorágine de Rivera no solo es un relato maravilloso, sino que se convierte en la piedra fundamental del éxito de toda la narrativa colombiana. Bien por la literatura y por la selección acertada del Club de Lectura por la Paz.

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* Susana Dávila Fernández es crítica literaria y colaboradora del Club de Lectura Virtual. Imagen en portada: Carátula de la revista quincenal Vidas Ilustres, publicada en México en 1968. Gracias al lector Gerardo Ovalle por compartir la historia de José Eustasio Rivera, disponible en este enlace.

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