Una vida de perras. Breve reflexión sobre la novela de Pilar Quintana

Esta es una mirada al océano interno de Damaris, protagonista de la novela La perra. Un artículo del especial Leer para entender La perra. Si no lo has hecho, participa en el reto 10 libros en 2020 del Club de Lectura Virtual.

Por Diana Carolina Morales López* [Bogotá]

Es admirable como Pilar Quintana logra en su novela corta La perra introducirnos en un universo denso como lo es el Pacífico colombiano, con sus aguas, sus selvas y sus pobladores, particularmente en estas latitudes llenas de historias de esclavitud, exclusión, pobreza y violencia. Es admirable como ella logra mostrarnos esa existencia tan pesada desde la vivencia de una mujer que lleva impresas en su piel las historias de su pueblo negro y de las vidas de las mujeres en un mundo patriarcal.

Al pensar en ese mar tan tranquilo como “una piscina infinita” que veía Damaris desde la cabaña en la que vivía (pero que a la vez es cúmulo de tormentas y despiadado ante la frágil existencia humana), veo la intensa existencia femenina y las cargas con que nacemos las hembras como Chirli, la perra, cargas que paradójicamente debemos esconder detrás de una aparente calma cuando ya ha pasado el temporal.

La perra_sobre la novela de Pilar Quintana.png
Juanchaco, Pacífico colombiano

En las manos gruesas de Damaris veo el peso que tiene nuestro cuerpo en el afán de cumplir con los cánones de la belleza Occidental. Cuando se dice ser una “igualada”, veo la culpa por desear la vida de alguna mujer blanca con plata y con una casa bonita. El constante remordimiento por la muerte del personaje Nicolasito evidencia el peso de los muertos (y de los vivos) que nos echamos encima.

La figura tosca de Rogelio, el esposo de Damaris, nos enseña la monotonía de la vida en pareja a la que solo queda resignarse porque ese es el amor que se nos ha permitido conocer. Pero, sobre todo, veo que la relación de Damaris y Chirli evidencia el terrible peso que puede tener la maternidad: de tenerla y no quererla, como Chirli; de quererla y no tenerla, como Damaris.

Al final, sobre el océano interno de Damaris se desata una tempestad que se lleva a su paso la vida de otra hembra, la de su perra: su hija pero también su verduga y fuente de frustración. Todo para volver a la calma, a reprimir la satisfacción de haber sido una perra, porque a todos les gusta la imagen del mar azul profundo y tranquilo, no el negro y borroso del vendaval.

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*Diana Carolina Morales López es psicóloga y magister en psicología de la Universidad Nacional de Colombia. Fotos: Koleia Bungard.

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