Continuando por este apasionante recorrido por el cuento colombiano, en esta segunda entrega, Juan Hernández nos presenta el trabajo de una estudiosa del género: la poeta, narradora, académica y ensayista tolimense Luz Mary Giraldo. Conoce aquí el abanico de autores que se han dedicado a explorar y a perfeccionar el cuento en nuestro país.
Por Juan Hernández Gutiérrez* [Alemania]
En la entrega anterior revisamos la antología más importante del siglo pasado en nuestro país: El cuento colombiano de Eduardo Pachón Padilla, el pionero de nuestras antologías, cuya obra con varias décadas de trabajo y miles de páginas leídas, nos presentó a los cuentistas más importantes desde finales del siglo XIX hasta principios de la década de los ochenta del siglo XX.
Sin embargo, la monumental obra de Pachón Padilla no da cuenta de los autores más representativos del último cuarto del siglo anterior. La muerte y un proyecto sobre la novelística nacional dejaron esa tarea inconclusa. Por ello debemos recurrir a otros antologadores y compilaciones que den cuenta de esa época de fin de siglo; y quién mejor para esta nueva entrega que la más dura, la más tesa, la más conocedora, la más ambiciosa de todas las personas dedicadas al estudio de nuestra narrativa corta: Luz Mary Giraldo.
Luz Mary Giraldo
Nacida en la capital musical de Colombia, la tolimense Giraldo (1950) ha dedicado su vida al arte y a la academia. Su vocación literaria inició temprano en casa gracias a la familia. Su abuela materna le relataba cuentos de hadas. Las campesinas le contaban mitos y leyendas mientras hacían oficio en su casa. Su madre tenía un gusto inculcado por las letras. También la inspiraron la rima y el sentimiento de las canciones andina y, sobre todo, la influencia musical, literaria y botánica que ejerció su padre a lo largo de toda su vida. Luego vinieron las clases de música y piano en el Conservatorio de Ibagué, sus primeros poemas durante sus años de bachillerato en el Colegio de La Presentación y la convicción adolescente de que lo suyo era el arte.
Los Hermanos Grimm, H. C. Andersen, Las mil y una noches, la Patasola, el Mohán, la Llorona, los boleros, los pasillos, los bambucos, la música clásica barroca, los nombres científicos de las plantas, el canto de los pájaros, la Cacica Gaitana, Aura o las violetas de Vargas Vila, las Cumbres borrascosas de Brönte, el pentagrama con sus notas musicales y esas primeras líneas cargadas de metáforas y rima son su educación sentimental, sus ritos iniciales en la música y la literatura.
Luego de un año de estudios de Humanidades en la Universidad del Tolima, Giraldo se mudó a la Bogotá de los años setenta, adonde llegó con sus primeros poemas, sin piano y con la intención de estudiar Letras. Su primer intento fue en la Universidad Nacional, pero su sueño naufragó con el segundo examen de admisión. Tampoco continuó sus estudios de música por falta de piano y entusiasmo, aunque la música siempre haría parte vital de su obra poética. Al final, el destino le sonrió al iniciar la carrera de Filosofía y Letras en la Pontificia Universidad Javeriana.
Como Giraldo lo diría años después en una de sus tantas entrevistas, en la Javeriana se interesó más por las Letras que por la Filosofía, tanto así que, más adelante, hizo parte de la primera promoción de estudiantes de la especialización de Literatura. Durante esos años conoció a quién sería su esposo, tan melómano como su padre. También aprendió inglés con dos amigas suyas, y dos profesores fueron fundamentales para su faceta como poeta, docente y crítica literaria: el colombiano Giovanni Quessep y la uruguaya Martha L. Canfield. Esta última la formó como lectora de literatura hispanoamericana durante esos años javerianos y, a pesar de su partida hacia Italia en 1977, sigue acompañándola en sus roles como docente, crítica literaria y antologista. Es tan fuerte el vínculo que las une que, aparte de ser colegas, son amigas.
Pero fue Quessep quien le pidió leer sus poemas. Giraldo seleccionó sus mejores páginas acumuladas desde sus quince años en Ibagué. Después de leerlos, Quessep le ayudó a elegir algunos y la convenció de publicarlos y en 1974 en un primer libro de poesía: El tiempo se volvió poema.




Años después, en la misma universidad y cuando ya era una joven profesora, Luz Mary conoció a Jorge Eliécer Pardo, otro tolimense y futuro escritor, quien después de leer sus poemas, la ayudó a publicar su segundo libro: El camino de los sueños (1981). Así surgió la poeta Giraldo, que ya ha publicado una decena más de libros. Sus poemas han sido traducidos a siete idiomas y su obra fue reconocida en Rumania con el Gran Premio Internacional de Poesía en 2013.
A comienzos de los años ochenta, Giraldo inició su camino como profesora de literatura hispanoamericana y colombiana en la Universidad Javeriana. Comenzó impartiendo cursos vacacionales en julio, luego dando charlas y participando en eventos académicos, clases semestrales y una larga trayectoria en universidades colombianas y extranjeras. Así surgió la maestra Giraldo que se ha interesado por estudiar el devenir de la literatura hispanoamericana de su tiempo, tanto al frente del pizarrón como durante sus estudios de Maestría en Estudios Literarios y Doctorado en Letras de la Javeriana: la transición del Boom latinoamericano a una nueva narrativa.
Durante esa época, y gracias a Canfield, Luz Mary inició además su labor de crítica literaria y ensayista. En 1975 publicó su primer artículo en el periódico El Tiempo sobre la poesía de Petrarca. A este lo siguieron seis artículos sobre la poesía de Quessep y del escritor chileno José Donoso. Desde entonces ha publicado varias compilaciones de ensayos críticos con editoriales universitarias y libros de su autoría. Uno de ellos es Ciudades escritas. Literatura y ciudad en la narrativa colombiana (2001), donde indaga sobre los momentos y las formas en que los escritores colombianos han escrito sobre y desde la ciudad. Por este libro publicado por el Convenio Andrés Bello, Giraldo recibió una mención de honor en el Premio de Pensamiento Latinoamericano del año 2000.



Sus análisis sobre los escritores y obras más importantes de nuestra literatura reciente después del meteorito llamado Gabo, han sido publicados en Más allá de Macondo. Tradición y rupturas literarias (2006). En otro lugar. Migración y desplazamiento en la literatura colombiana (2008) analiza quiénes y cómo han abordado el tema del desplazamiento y la migración en nuestras letras. Sus ensayos y clases han sido el espacio desde el cual Luz Mary Giraldo ha materializado esa idea que comenta en una entrevista para Pijao Editores: “Quien no conoce su propia literatura, no tiene manera de confrontarse con las literaturas ajenas”
Además de ser poeta, docente, crítica literaria, ensayista y apasionada por la música, Giraldo también es una antologadora de cuentos y poemas con décadas de experiencia. Veamos esa faceta.
Giraldo como antologista
Si a alguien le debemos la frase “Colombia es tierra de cuentistas” es a Giraldo. No solo porque ella la repita en sus entrevistas recientes sino porque en los últimos cincuenta años ha demostrado con sus antologías que no solo somos un país de poetas y que hay cura para la novelitis aguda.
Todo inició a mediados de los ochenta. Para esa época había publicado ya dos libros de poesía, varios artículos de crítica literaria y era una abanderada de la causa de darle el lugar que se merecía a la literatura hispanoamericana, pero sobre todo a la colombiana, en el mundillo de los estudios literarios. Fue en ese momento cuando Lina María Pérez Gaviria, una ex compañera de clases y futura escritora, le propuso armar una selección de cuentos colombianos para niños. La idea le pareció descabellada, pero aceptó el reto. Junto con Olga Cuellar, ilustradora, se hicieron cargo del proyecto que publicó Colcultura en 1987 bajo el título Jardín de sueños. Textos para niños. Así comenzó a labrarse la Giraldo antologista.
Diez años mas tarde, el Fondo de Cultura Económica en México contactó al Centro Editorial de la Javeriana (CEJA) para realizar una antología de cuento colombiano. Selma Martín le ofreció a Giraldo hacerse cargo del proyecto. Por aquella época muchos académicos, intelectuales, editores y periodistas hablaban pestes de la literatura nacional, al punto de llegar a eso que Giraldo ha llamado “colombianismo vergonzante”, es decir, que defienden la idea de que nuestra literatura no solo es menor comparada con otras sino también que es mala como ella sola. Giraldo aceptó el llamado y preparó una antología que demuestra que el cuento nacional no es tan malo como lo pintan y, además de eso, mostró las tendencias más recientes de este género en los últimos veinte años. De esta forma nació su primera antología de cuentos: Nuevo Cuento Colombiano. 1975-1990 (1997) en la colección Tierra Firme del Fondo Económico de Cultura (FEC).
Un año más tarde llegó su tercera antología. En una entrevista con la escritora colombiana Alejandra Jaramillo en 2012, Giraldo comentó la editorial Planeta la buscó para hacer una antología de cuentos, única y exclusivamente, de escritoras. Gracias a su faceta como docente, logró trascender aquella idea de que la escritora colombiana es más poeta que narradora. De nuevo aceptó la propuesta e inició el largo camino que la llevaría a publicar en 1998 la antología Ellas Cuentan. Relatos de escritoras colombianas de la colonia a nuestros días, una selección de textos de veinte escritoras nacidas a comienzos del siglo XIX hasta mediados del siglo pasado.




A esta antología la siguió Cuentos de Fin de Siglo (1999), publicado por la editorial española Seix Barral. En esta selección incluyó a quince escritores de diferentes edades cuyos cuentos no solo da placer leerlos, sino que son una muestra de cómo nuestros narradores contaban esa época turbulenta e impredecible de finales del siglo XX. Tres años más tarde le llegó el turno a la quinta antología, Cuentos Caníbales (2002), esta vez editada por Alfaguara. Esta compilación es una muestra de once escritores jóvenes, nacidos entre la década de los sesenta y setenta, obras que dan cuenta del presente y futuro de nuestra narrativa corta en el nuevo milenio. Además de esto, esta antología tiene un prólogo poderosísimo que nos servirá para presentar el universo de narradores compilados por Giraldo durante estos años.
Pero lo mejor en la obra de Giraldo como antologista llegó en 2005. De nuevo con el Fondo Económico de Cultura, Giraldo inició su proyecto más ambicioso y reconocido: Cuentos y Relatos de la Literatura Colombiana. Una compilación detallada de más de 177 autores, organizados en cuatro tomos publicados entre 2005 y 2023. Esta selección ofrece una visión general de la evolución del género desde la época precolombina o arcaica, pasando por la colonia, el siglo XIX, XX y las primeras dos décadas del siglo XXI. No hay duda alguna de que ese deseo que Giraldo le confesó a Pablo Di Marco en una entrevista para la Revista Libros y Letras en 2020 fue entonces una realidad: “Adoraría que estos tomos sean vistos como una carta de presentación de nuestra historia literaria”. De esta mega antología hablaremos en un próximo artículo.
Su labor como antologista no se detuvo con esta compilación de cuatro tomos. En 2019. Luz Mary Giraldo publicó una antología de cuentos colombianos en Eslovenia y profundizó sus selecciones de cuentos escritos por mujeres con el libro Cuentan. Relatos de narradoras colombianas contemporáneas (2010) publicado con Hombre Nuevo Editores y cuya selección amplió en 2023 con Sílaba Editores con el título Contar la vida como contar los pasos. Antología de cuentos de autoras colombianas. Por último, junto con su colega y amiga Canfield, también incursionó en las antologías de poetas hispanoamericanas con los volúmenes Ellas Cantan. Poetas Iberoamericanas (2019) y Ojos de par en par. Antología de poetas hispánicas (2021).
Las cuatro antologías de final del siglo XX
Esas cuatro antologías de cambio de milenio las agrupamos bajo el título de «Antologías de final del siglo XX». Todas ellas pueden ser vistas como una continuación a la obra de Pachón Padilla que termina con la generación del setenta. Al igual que el trabajo de Pachón Padilla, esta tetralogía –con más de cincuenta escritores (algunos de ellos aparecen con dos cuentos)– brinda un marco histórico que define los temas y tendencias comunes durante esas tres décadas, así como breves biografías de los escritores antologados. Sin embargo, Giraldo no ofrece una sección detallada de bibliografía como lo hace Pachón Padilla.
Antes de empezar, es necesario hacer una precisión. Pachón Padilla creyó que la mejor forma para analizar nuestra cuentística era a través de las generaciones, es decir, agrupando los escritores según su fecha de nacimiento. Giraldo no está de acuerdo. Para ella, la edad no importa, pues hay escritores mayores en edad más creativos e innovadores que otros más jóvenes. Ella prefiere hablar de promociones o grupos de escritores que, sin importar su edad, su reconocimiento o divulgación tienen una sensibilidad, unas formas, unas perspectivas en común durante la época en que sus libros son publicados.
Promoción de los Hermanos Mayores
Conocida como la promoción de la ruptura, del largo adiós a Macondo, los hijos díscolos del Boom o los hijos de Cortázar, aparece con unos primeros libros a mediados de los años sesenta cargados de una renovación nunca vista en nuestra literatura. Su narrativa toma distancia de lo rural, lo costumbrista, del realismo mágico, de García Márquez y del Boom latinoamericano para contar con nuevas y diversas formas el mundo cotidiano de la ciudad, lo marginal, el presente y los vientos de cambio de su época. Hablan del presente y sus problemas, pero desde la literatura. Son narraciones comprometidas mas no panfletarias. Estos escritores son la especialidad de Giraldo y coinciden con lo que Pachón Padilla llamó la generación del 70.
Empecemos por los autores que Giraldo destaca al incluir sus textos en dos de sus antologías. El cartagenero Germán Espinosa aparece con “Noticias de un convento frente al mar” y “El hombre”: el primero narra la presencia del demonio encarnada en la lujuria prohibida de una monja en un convento carmelita a principios del siglo XIX, y el segundo una nueva versión del mito del vampiro cartagenero a mediados del siglo XX. Este par de cuentos ambientados en la ciudad amurallada son una muestra de una obra prolífica entorno a lo extraño, el terror y el misterio.
También se incluye a la barranquillera Marvel Moreno, quien con sus tres libros (dos en vida, uno póstumo) logró convertirse en una de nuestras mejores cuentistas. Su extenso relato “Ciruelas para Tomasa” nos narra el pasado remoto, inmediato y presente de una familia aristocrática costeña a raíz del regreso de una mujer que fue desterrada mucho tiempo atrás. Este universo lo narra con el fluir de los pensamientos de varios narradores: todas ellas mujeres. “Una taza de té en Augsburgo” relata la historia de Mirada, una huérfana alemana adoptada por una familia rica de Venezuela, que regresa a conocer a su madre biológica, una historia que rompe con el estereotipo de la persona adoptada de un país pobre por una familia de un país rico. Sus cuentos son gozo para el lector y una clase de escritura para el aprendiz.
El chocoano Óscar Collazos también aparece con dos textos: un fragmento de su novela Instrucciones para morir con papá (1997) y “Soledad al final del coche cama”. El primero, a través de muchos diálogos y acciones, narra un día definitivo en la vida de un padre e hijo que no solo comparten apellido sino también oficio: el sicariato. El segundo, incluido en su libro Adiós Europa, adiós (2000) narra un viaje en tren entre Barcelona y Madrid del señor Hernández, que busca con desespero a su mujer por todos lados con un final inesperado. Supongo que la decisión de Giraldo al incluir un fragmento de esa novela corta, una de las primeras en abordar el mundo del narcotráfico, se debe a que Collazos dejó de lado la narrativa corta a mediados de los setenta para adentrarse de lleno en la novela.
El cartagenero Roberto Burgos Cantor es el último de esta promoción con dos cuentos escogidos de sus tres primeros libros. “Historia de cantantes” nos cuenta de forma fragmentada la ruina de una familia por la vocación musical del padre e hija con un final inesperado para la madre; mientras el padre se aleja de su instrumento en el exterior, la hija asciende con su voz en su terruño. “Quiero es cantar” es el relato de las penurias de un músico en el exterior que tras muchos fracasos ve por fin que su música es escuchada y apreciada por todos. Ambos son relatos de vida sobre personajes que migran a otras latitudes (Venezuela y Panamá) para buscar una mejor vida a expensas de su familia y sus sueños. Otro autor que, junto a Collazos, hace parte de los mayores cultivadores del cuento en nuestra literatura.
El bogotano Luis Fayad figura con “un hombre y un perro”, un relato donde nos cuenta un día en la vida de Leoncio, uno de los personajes más importantes de su obra y que será la figura central de un libro de llamado Un espejo después (1995). También se destaca el bogotano Nicolás Suescún con “La cama vacía”, un cuento sobre secretos familiares que alteran el presente y el futuro de un niño. “El Castillo Invisible” del antioqueño Darío Ruiz Gómez nos muestra el mundo del narcotráfico desde la perspectiva de una mujer amante de un capo, mientras que Marco Tulio Aguilera Garramuño, otro bogotano, habla en “Las tablas crujientes” sobre la tragedia que trajo la revolución armada a una familia desde la perspectiva de una anciana que recobra la memoria al desencadenarse el doloroso final del relato. El tema del habitante de la calle lo abordan de manera novedosa el manizaleño Eduardo García Aguilera en “Sueño de las alcantarillas” y el barranquillero Ramón Illán Bacca en “Hielo, cocaína y arcoíris”, el que cuenta la vida de un personaje atormentado por las puertas sobrenaturales que unen el mundo de los vivos con el de los muertos. Todos estos son excelentes cuentos escritos por maestros de este género en nuestro país.
Vale la pena hacer una mención especial para dos cuentos. El primero escrito por el tunjano RH Moreno Durán, autor de la trilogía Fémina Suite (1977-1997) y de cuatro libros de cuentos. Se trata del texto titulado “El humor de la melancolía”, una reescritura histórica y fantástica, al estilo que pasaría si… (what if), de la novela María de Jorge Isaacs; un cuento que puede ser leído como un capítulo apócrifo de la novela; una ficción dentro de una ficción.
El segundo es “Aventura en el trópico” de la guaduense Flor Romero, autora de la novela Mi Capitán Fabián Sicachá (1968) y de una veintena de libros de cuentos. Aquí se incluye un relato narrado por una mujer sobre mujeres con una visión universalista del mundo: narra los avatares en la vida de una francesa cuya vida va cambiando por el desamor con hombres extranjeros sin renunciar a su enamoramiento por Colombia; una crítica voraz que desnuda la doble moral, el machismo y la violencia de género.
De esta promoción aparecen también cuentos de Rodrigo Parra Sandoval, Arturo Alape, Fernando Cruz Kronfly, Helena Araújo, Julio Olaciregui, Francisco Sánchez Jiménez y Jaime Echeverri. También hubiesen sido parte de alguna de estas antologías la barranquillera Fanny Buitrago y la pereirana Albalucia Ángel, pero como lo dice Giraldo en alguno de los prólogos, son dos omisiones forzosas, ajenas a su voluntad y por razones editoriales. De Buitrago hablamos ya en el artículo anterior, pero de Ángel aún no: ¡Oh, gloria inmarcesible! (1979), su único libro de cuentos, es uno de esos hitos de nuestra narrativa corta por el contenido y por la forma como aborda las historias que allí aparecen. De este libro hablaremos en una futura entrega.
Promoción de los Hermanos del Medio
Esta promoción intermedia o del desencanto la conforman escritores que publicaron sus libros a mediados de los ochenta y principios de los noventa. Sus obras tienen la misma visión crítica de sus hermanos mayores, pero cabalgan entre el escepticismo y la frustración; miran con cinismo y pesadumbre una de las épocas más difíciles e inestables de la historia nacional y mundial. Dentro de la selección hecha por Giraldo figuran textos de Sonia Nadhezna Truque, Ana María Jaramillo, Gloria Chávez Vásquez, Andrés Hoyos, Óscar Castro, Susana Henao, Germán Pinzón, Freda Mosquera, Piedad Bonnett, Daniel Samper Pizano, entre otros. Continuemos con los que aparecen con dos cuentos.
Julio Paredes, bogotano de nacimiento y cultor del cuento, tiene una narrativa enfocada en los mundos interiores de personajes urbanos, en los que parece que no ocurre mucho, pero que al final su entorno violento cambia de alguna forma el rumbo de sus vidas. “Soprano” es la historia de un amor secreto que no puede ser revelado por los hechos violentos que ocurren durante un viaje por la cordillera. “El sonámbulo despierto”, ambientada en el mundo rural del posconflicto armado, es la historia de un científico citadino con un hombre enigmático, casi de otro planeta, que desaparece tan misteriosamente como apareció en su vida.
El bogotano de nacimiento y nariñense de crianza Evelio Rosero, también ha dedicado muchas páginas a la narrativa breve. “Como nunca en la vida” es la historia de vida de Fenita, una quiteña acomodada, conservadora y aburrida, que, durante un viaje de vacaciones por Italia con su esposo e hijos, decide tener una aventura amorosa por primera vez en su vida que la lleva a un final impensado. Es un tremendo cuento de tipo existencial donde se expone la mojigatería, el arribismo, el racismo y clasismo típicos del latinoamericano. “Se vende cama vacía” es un relato fantástico ambientado en el centro Bogotá donde un oficinista somnoliento es víctima de un ser que se mantiene con vida gracias a las horas de sueño de los transeúntes. Otro magnífico relato. El libro Cuentos Completos de 2019 de este grandísimo escritor también será una de las estaciones de nuestra ruta por el cuento colombiano.
Oriundo de Magangué y autor de cinco libros de narrativa corta, Pedro Badrán Padui aparece con dos relatos. “La secretaria” es la historia una mujer personaje-narradora que nos cuenta el día a día de su nuevo trabajo y la relación con su jefe mediada por esa dualidad de comportarse como lo dice la sociedad o dar vía libre a sus pasiones. “La magia de Joe Domínguez” aborda el tema del narcotráfico sin necesidad de disparar una sola bala ni mostrar un solo gramo de cocaína; es la historia narrada por un testigo que ve cómo el racismo y el clasismo convierten a su amigo en uno de los narcotraficantes más duros de Cartagena. Un cuentista que narra sin tapujos, con humor y con un impresionante uso del lenguaje.
“Magister Luigi” y “Solicitación en Confesión” son dos cuentos del caleño Philip Potdevin que hacen parte de la selección. El primero narra una partida de ajedrez en la que el maestro de todos pierde por la peor jugada que jamás haya hecho y no le queda más remedio que leer las capitulaciones de la obra de Clausewitz; un relato intelectual, universal, donde cosas, personas e ideas de aquí y allá se sientan alrededor de un tablero de ajedrez en Cali. En el segundo, alternando cartas y entradas en un diario, narra las conversaciones escritas que van subiendo de tono entre una feligresa pecadora y su cura confesor; un texto que juega con la brujería, el pecado, el demonio, el exorcismo y el adulterio en los tiempos de la Colonia. Sus relatos son una prueba de que no existen temas malos sino mal abordados en literatura.
Hay relatos sobresalientes con tramas novedosas y narradas desde lo policial, el suspenso y el terror como “Las vacaciones de Mr. Rochester” de Roberto Rubiano Vargas, bogotano, docente y autor de media decena de libros de cuento. Este cuento es una ficción histórica y policiaca que ocurre durante los años de la Violencia bipartidista y que tiene como personaje a un abogado fracasado que debe hacerse cargo de un académico norteamericano cuyo desenlace fatal tiene lugar en uno de los barrios marginales de la ciudad. Otro bogotano, con dos libros de narrativa corta publicados, es Hugo Chaparro Valderrama y su cuento “El Dr. Murdock y Mr. Clyde”, una adaptación, una reescritura de la novela Dr. Jekyll y Mr. Hyde en clave de terror y con el mundo del cine hollywoodense como trasfondo. Julio Cesar Lodoño, autor palmirano con tres libros de cuentos publicados, aparece con “Pesadilla en el Hipotálamo” con trama que gira en torno a un hombre, un narrador intelectual al estilo borgiano, que lucha contra un gusano que va comiéndose su memoria a medida que avanza el texto y que llega a un nivel de desespero que toma una decisión que nos lleva a un final insospechado.
Destacamos otros tres relatos impregnados de las eternas violencias nacionales escritos de manera brillante pero que no son muy divulgados. “Otro nombre para María” de la bogotana Colombia Truque, texto que aparece en su libro María y otros relatos (1993). Es una historia de migración ambientada entre Barcelona y París, narrada por varios personajes que nos cuentan cómo las puñaladas de la infidelidad, la traición, el aislamiento y la criminalidad la llevan a estar postrada en una cama de hospital, todo ello narrado de forma original y única.
Otra maravilla de cuento es “Una va sola” de Consuelo Triviño, bogotana y autora de cinco libros de relatos. Allí cuenta un momento en la vida de una mujer que a través de sus pensamientos, sentimientos, divagaciones y temores nos muestra esa dualidad existencial de ser lo que se debe según la sociedad o lo que se quiere ser como persona en la caótica Bogotá de finales de siglo.
Publicado por primera vez en la Revista Literaria El Malpensante, “El padre de mis hijos” del bogotano Antonio Caballero, autor de Sin Remedio (1984), narra el episodio trágico que cambia la vida de Angélica, una bogotana virgen y fea que, por el coqueteo con un pasajero del mismo bus, no se baja dónde debe y tiene un inesperado encuentro, en medio del desierto de la Guajira, que cambia su vida para siempre. Un relato erótico, crudo, donde esa violencia con V mayúscula de la que tanto habló en sus ensayos y artículos aparece en el momento menos esperado. Una lástima que solo haya publicado este relato en su vida.
Promoción de los Hermanos Menores
Esta promoción de fin de siglo –llamada también los hijos de los hippies, la generación mutante, del crack, X y góticos– hace referencia a escritores que publican sus primeros libros a finales de los noventa y comienzos del nuevo siglo. Todos fueron testigos de las revoluciones tecnológicas y la caída de los ismos; se mueven en un mundo en transición, globalizado, confuso, acelerado e inestable. Su narrativa busca dar cuenta de esta aldea global caótica y masificada que determina la vida diaria de millones citadinos. No creen en utopías ni ideologías; son apolíticos en un mundo distópico. Son una promoción escéptica y desencantada. Son los primeros en completar estudios universitarios en letras, en entrar en esa nueva maquinaria de las editoriales transnacionales que los condicionan a escribir más novelas que otros géneros. Hacen parte de la selección de Giraldo escritores como Jorge Franco, Santiago Gamboa, Juan Gabriel Vásquez y Edgar Ordoñez. También hay otros que brillan por su ausencia como Pablo Montoya Campuzano, Lina María Pérez Gaviria y Octavio Escobar Giraldo. Sin embargo, hay unos que aparecen en la tetratología con dos cuentos.
El primero es el bogotano Mario Mendoza, autor de dos libros de cuentos y otros seis de textos híbridos que mezclan lo breve con el ensayo o la crónica. De él fueron seleccionados cuentos que hacen parte de su primer libro La travesía del vidente (1997). Ambos son relatos existencialistas de corte fantástico donde sus personajes naufragan tanto en la naturaleza como en su mente. “Molokai”, en clave de carta y diario, narra los últimos días del Capitán Baudesson en la isla de Molokai; un texto emparentado con el “Mensaje en la botella” de Edgar Allan Poe. “Alexander Selkirk” es la biografía no oficial de ese marinero escocés que sirvió de inspiración al escritor Daniel Defoe para escribir la novela de aventuras Robinson Crusoe (1719); un relato donde conocemos por voz propia las aventuras de este marinero que lo llevan a un inevitable final.
Juan Carlos Botero, otro bogotano, aparece con “Gorgona” y “El descenso”. El primero es la historia de un hombre cuyos actos arriesgados en el mar le cobran factura con la mujer a la que ama. El segundo es una historia de amor y desamor en la cual el personaje que, durante una sesión fallida de buceo, logra superar esa mujer que le partió el corazón al darse cuenta de que hay cosas más valiosas en la vida. Ambos relatos ambientados en el mar cuentan momentos decisivos en la existencia de sus personajes con un estilo muy envolvente, donde las descripciones y recuerdos, casi microscópicos, van llevando al lector de la mano hasta alcanzar esas revelaciones con que cierra los relatos. Un alumno muy aplicado de Hemingway.
“El día de la partida” y “la visita del condotiero” son los cuentos seleccionados del barranqueño Enrique Serrano. Ambos relatos mezclan la historia antigua, la filosofía y las artes en el viejo continente con un tono solemne. El primero está ambientado en Roma y tiene como personajes a Séneca con su esposa; el segundo tiene como personaje a un caballero aristócrata en un encuentro revelador con un joven poeta llamado Dante Alighieri en la Florencia de su tiempo.
Cerramos esta promoción con los tres escritores más jóvenes. El bogotano (otro más para variar) Ricardo Silva Romero aparece con “Semejante a la vida”, una tragicomedia con un tono irónico donde los ingredientes de la desdicha de los personajes son el freak show, un programa televisivo de variedades, el amarillismo, el afán del rating, la deshumanización del otro, del diferente. “Jugar el juego” de Luis Noriega, caleño residente en Barcelona, es un relato de corte criminal donde el personaje principal no es ni la víctima, ni el victimario, ni mucho menos el investigador, sino un principiante cuyo plan de venganza sale tan mal que desencadena un inesperado crimen; todo ello narrado con un humor ácido y con una estructura fragmentaria.
“Kamandil Viarko (fragmento de una novela inédita)” del bogotano y trotamundos Antonio Ungar narra, en primera persona y a través de cartas, el éxodo de los Atchenos, un pueblo caníbal de inmigrantes al borde del exterminio a manos de la sociedad xenófoba parisina, que se ve obligada a huir hacia algún lugar tropical de Sudamérica para mantener viva su estirpe; una metáfora distópica, extraña, terrorífica de la aniquilación de quien es o piensa diferente. Los tres son tremendos cuentos.
Hasta aquí llega este repaso por los cuentistas del final del siglo XX de la mano de Luz Mary Giraldo, la madre de las antologías de nuestra narrativa breve y a quien encontraremos en alguna próxima estación. Por lo pronto, anunciamos que en nuestra próxima parada nos adentraremos de pies y cabeza en los primeros años del nuevo milenio con una colección de cuentos que se fue haciendo poco a poco desde una publicación periódica durante una década.
Posdata: Giraldo dice su obra poética no es muy reconocida en Colombia. Para contradecirla un poquito, les dejamos unos cortos poemas de Giraldo tomados de su libro Postal de Viaje (2003):
Borrones
Qué harán con mis letras inconclusas
con los trapos al sol y la mirada que parece triste
qué con las palabras de verano y las noches de invierno con sus manos frías.
Qué será de las horas frente a un paisaje ciego
qué del horror a la muerte repetida.
Me pregunto en las noches desveladas
qué hacer si no dicen nada mis cuadernos
borrones de mis días.
Mirada vacía
No oyes el pájaro que canta
no ves cómo cae a tus pies.
Mirada para todos
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Cesare Pavese
Un grito revienta el corazón cada mañana.
Los hijos de la guerra miran con ojos turbios
su piel es una playa triste
sus manos de ceniza.
Esconden muertos en los sueños
olvidan el canto de los pájaros
y donde hubo flores
miran crecer veloces las espinas
–sombra de cruces
Los hijos de la guerra
tienen la muerte encima de los ojos.
No saben del amor
y es el dolor su único testigo:
algo se quiebra cada día
algo en su pecho
apaga su mirada.
Réquiem
Con el viento a la sombra oyes
–tañido sin fortuna–
huesos que caen.
Tarde de corazones encogidos.

*Juan Hernández Gutiérrez es politólogo colombiano y reside en Alemania. Disfruta de la lectura, en especial si es latinoamericana. Dice que también le gusta escribir, en particular historias enfocadas “los ofendidos y humillados en las periferias de este nuevo mundo feliz globalizado”. Es miembro del Club de Lectura desde noviembre de 2020.
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