Crónica de un encantamiento. Una historia de amor con La vorágine

¿Qué hizo que Carolina Gil –colombiana radicada en el exterior– se “enamorara” de esta novela? ¿Qué razones hay detrás de su obsesión y encantamiento? Aunque nunca había escrito un texto de este tipo, Carolina quiso compartir con los lectores de Diario de Paz Colombia el impacto que le ha dejado esta lectura. Un contenido de la serie Leer para entender La vorágine del Club de Lectura Virtual.

Por Carolina Gil*

Esta historia de amor comenzó con una invitación en Instagram: vi que existía un Club de Lectura y, aunque no esperaba mucho, la abrí. Mi intención era buscar una forma de leer y compartir lecturas con otros colombianos, pues en este momento vivo fuera de mi país y aquí no es tan fácil encontrar compatriotas interesados en la literatura.

Lo que no pensé fue que, tan pronto y en este club, fuera a encontrar un amor tan grande por un libro, porque eso es lo que siento por La vorágine: amor puro. Me enamoré del lenguaje que usa José Eustasio Rivera, de sus descripciones tan detalladas y poéticas sobre cada tema, de cada suceso, de cada historia.

Mi lectura comenzó en la red. Busqué ediciones digitales o audiolibros y me sorprendió saber que la Biblioteca del Banco de la República tenía un PDF descargable. Lo descargué rápidamente y me dispuse a leerlo en mi iPad. Leía con calma, con el mismo gusto que me da la lectura de cualquier libro, pero a medida que ahondaba en las historias, La vorágine se fue convirtiendo en parte importante de mi jornada.

Un día, sin embargo, de esos en que te da por hacer limpieza de fotos y documentos de tus aparatos electrónicos, borré el libro digital junto con montones de archivos y fotos que ya no quería tener. Perdí el libro con todas mis anotaciones, mis pensamientos, las ideas que había ido dejando allí. Lloré y me dio tanta rabia que pensé en no volverlo a empezar, en dejar el Club de Lectura y rendirme. Pero después del drama, pesaron más la intriga y las ganas de saber qué pasaría en esta historia de amor. Leer La vorágine pasó a ser, entonces, mi reto personal.

Volví a comenzar, pero esta vez imprimí el libro, lo legajé en una carpeta reciclada y me entregué “con toda”, literalmente, tomando precauciones para no volver a perder mis anotaciones. Como durante mi primer acercamiento a la obra, no entendía muchas de las palabras utilizadas por el autor, esta segunda vez pensé que sería más fácil y enriquecedor hacer mi propio glosario. Para ello creé un documento nuevo en Google Drive, pero lo miré y pensé: ¿por qué solo un glosario? Así que lo ajusté para poner allí todas mis preguntas, mi seguimiento a todos los personajes que participan en la historia, cada ciudad, cada pueblo, cada recorrido, cada especie animal.

Así comenzó la más grande e inspiradora historia de amor que haya vivido con un libro. Para disfrutar más la lectura, busqué un lugar agradable, cómodo y donde tuviera la tranquilidad y privacidad para sentarme a leer y calmar mi “fiebre”. Entonces creé mi lugarcito, mi espacio, mi cueva. Aunque, como no se trataba de aislarme del mundo, acondicioné el espacio para que mis hijos también pudieran sentarse a leer conmigo.

Carolina Gil La voragine

Con el deseo de no perder ni el más mínimo detalle de la narración, cada vez que aparecía una palabra con un significado desconocido para mí, paraba, buscaba con calma, escribía en mi documento y releía para entender completamente lo que describía o quería decir Rivera.

Aparte, en mi libro, resaltaba con marcador rosado las palabras desconocidas y las iba enumerando. Para los animales utilizaba un esfero verde con el cual los encerraba en un rectángulo para hacerlos visibles; para los personajes utilizaba un resaltador azul y escribía en mi archivo la página en donde aparecían, en qué parte de la historia, cómo emergían y, si morían, anotaba su muerte.

En este viaje al interior de La vorágine encontré palabras que no imaginé que existieran como: Apearse, que significa desmontar o bajar a alguien de una caballería, de un carruaje o de un automóvil; Achajuanarse: dicho de las bestias: sofocarse por trabajar mucho cuando hace demasiado calor o por estar muy gordas; Trambucar: hundir; Poyata: estante o repisa, y Hombrada, que es una acción muy meritoria y esforzada.

Me encantaron las palabras Lontananza (cosas que por estar muy lejanas no se pueden distinguir) y Columbrar (divisar o ver desde lejos algo, sin distinguirlo). Y me llamó la atención encontrar otras palabras que, de una u otra forma, se utilizan en este época, como Pusilánime, Pernoctar, Arrebol e Idiosincrasia.

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Pero también hubo palabras cuyo significado no encontré. Tuve que leer varias veces la frase para tratar de entender que quería decir el autor. Algunas de ellas son: Olanes, Cefirillo, Peramán, Coquis, Petrivas, Codúa, Grass y Váquiro. En total fueron más de 300 palabras las que encontré y de las que quise saber su significado. Y sí, lo sé, es demasiado, pero para mí fue todo un placer.

Con el pasar de las páginas me lograba meter más en la historia, en sus detalladas descripciones, y no dejaba escapar ni la más mínima palabra. Muchas veces sentía que estaba viendo en vivo y en directo las escenas que allí se relatan. Hasta llegué a sentir el sufrimiento, la felicidad, el cansancio, el miedo, el viento, el agua, el frío. Oía los pasos, los sonidos de los árboles, los quejidos, las charlas.

El relato de la muerte de Millán, por ejemplo, es una descripción tan extrema y tan impactante que no me la pude sacar de la cabeza. Es aterradora, pero al mismo tiempo encantadora, la sientes hasta el último poro de tu piel, la vives, la sufres, la lloras. Y no es solo esa escena, así es todo en La vorágine.

También me enamoré de sus poemas y rimas. Se hicieron tan sonoras en mi cabeza que hasta me las aprendí. Es sorprendente cómo puedes hablar de tus sentimientos y frustraciones en un lenguaje tan poético y hacerlo ver tan hermoso. Es increíble cómo puedes llegar a componerle un poema a una pelea de gallos, ¿no?

¡Hurra, poyito! Al ojo, que es rojo; a la pierna, que es tierna; al ala, que es rala; al pico, que es rico; al pescuezo, que es tieso; al codo, que es godo; a la muerte! Que esa es mi suerte!

Leyendo esta novela, viví en la Amazonía y en los Llanos orientales. Pasé por sus caminos de herradura y navegué por sus ríos. Siento que conocí estas regiones a fondo. Las palabras utilizadas para hacernos entender y ver en donde se encontraba el protagonista Arturo Cova, qué veía, por dónde pasaba, le dan a la obra su grandeza.

Pero también con este libro encontré apartes de nuestra historia como colombianos, como país que sufre con sus gobernantes, con el olvido y el desamparo. Pude ver que desde hace muchos años y hasta nuestros días, esta parte tan escondida de nuestro país sigue desprotegida, retrasada económica e industrialmente y que, a pesar de algunos esfuerzos, nuestros indígenas y nuestras selvas siguen desprotegidos.

No me apena confesarlo: leer esta novela ha sido al mismo tiempo, para mí, escribir mi propio historia de amor con un libro. No tengo recelo en decir, sin exagerar, que La vorágine es la obra más maravillosa que he leído en mi vida.

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*Carolina Gil es ingeniera de sistemas y participante activa del Club de Lectura Virtual de Diario de Paz Colombia. [En portada: imágenes de la producción cinematográfica Abismos de amor, adaptación mexicana de La voragine, 1949].

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4 comentarios sobre “Crónica de un encantamiento. Una historia de amor con La vorágine

  1. Que linda historia! Definitivamente la lectura lo atrapa a uno, y en medio de descripciones de lugares y uso de palabras autóctonas se siente uno más cerca de casa. Me encanta 🙂

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  2. #10librosen2020
    Para “ayudar” con la tarea de Caro Gil , 7 de las 8 que le faltaban.

    Olan=Volante o tira de tela plegada que llevan como adorno algunas prendas femeninas. OLANES Es el plural.

    Cefiri =Viento templado y húmedo que sopla del oeste. CEFIRILLO = “vientecillo”

    Peraman= Tipo de resina

    Coquis= muchacho cocinero

    Codua= En la novela dice ” alon de codua marina” así que debe tratarse de algun tipo de ave.

    Grass= Fusil de 1874

    Vaquiro= marrano de monte. Aparece 34 veces a lo largo de la novela 😎

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