Lo que los niños colombianos sabrán en veinte años sobre el conflicto armado. ¿Qué es posmemoria? [Reflexión]

En Colombia los niños siempre han estado directa o indirectamente expuestos al conflicto armado. Una cosa es cómo entienden ellos hoy la realidad del país y otra cómo la asimilarán con el paso del tiempo. Una reflexión sobre la posmemoria en Colombia.

Tengo dos hijos pequeños, una niña de cuatro años y un niño de dos. Como suele suceder una vez somos padres, mi círculo social se va llenando de amigos con hijos. Entre hablar de sus descubrimientos y proezas diarias, es inevitable que se nos cuele con frecuencia una compartida preocupación por el futuro, desde a qué escuela irán hasta qué país les estamos heredando.

Si se mira desde este punto de vista, para los colombianos con hijos vivir en esta época implica un reto adicional al de los ciudadanos sin hijos. Como simple espectadora de la opinión pública en Colombia, en tiempos de negociaciones y firmas de acuerdos de paz entre el gobierno y los grupos guerrilleros, me conmueve notar cómo la decisión de alcanzar la paz revela una sociedad dividida, una inestabilidad moral y una falta de respeto por lo que piensa y vive el otro.

Preguntas para padres en el posconflicto

Dado que tengo dos hijos pequeños, apenas asimilando lo que ha sido y es la historia reciente de Colombia, pienso de inmediato en el porvenir, no en si se cumplen o no esos acuerdos, sino en nuestro rol de padres en el posconflicto. Partamos de lo básico, entre nuestros hijos están los futuros votantes y los futuros gobernantes del país, y es imposible pensar en un mejor país si no nos preocupamos por formar buenos seres humanos.

Viéndolo así, ser padres de niños pequeños hoy en Colombia implica una enorme responsabilidad, como personas y como ciudadanos. Como mamá, muy pronto tendré que sentarme con mis hijos y contarles que en nuestro país hubo una guerra, y no solo eso, tendré que responderles preguntas complejas como ¿por qué hubo conflicto?, ¿qué partes estuvieron enfrentadas?, ¿qué significa ser víctima?, ¿cómo y por qué se firmaron acuerdos de paz?, ¿por qué es importante conocer en profundidad la historia de nuestro país?

Sin respuestas claras aún, queda espacio para más preguntas. ¿Cómo lo voy a hacer? ¿Quién me dice cómo lo hago? ¿Cómo apoyarnos como padres y maestros del posconflicto? ¿Cómo contarles a nuestros hijos una época que ellos no vivieron directa o conscientemente? ¿Cómo narrar sin juzgar? ¿Cómo ser agentes de paz desde la sencilla pero relevante misión de transmitir información histórica? ¿Qué memorias les heredaremos de esta época? ¿Qué diremos? ¿Qué callaremos?

Cómo recuerdan los jóvenes. Lo que nos enseña la posmemoria en Argentina

En 1998 la investigadora social argentina Susana Kaiser viajó a Buenos Aires. Habían pasado 22 años del golpe militar que llevó a ese país a vivir una de las más sangrientas represiones que ha experimentado el continente. Además de hacer un viaje en el tiempo –ella misma había sido testigo de la dictadura–, su propósito giraba en torno a responder la pregunta central de su tesis doctoral: ¿Cómo los jóvenes argentinos recuerdan los sucesos traumáticos de la dictadura militar (1976-1983)?

Su libro Postmemories of Terror (Posmemorias del terror), publicado en el año 2005, es el resultado de una investigación social y antropológica que busca abrir la reflexión sobre cómo los pueblos recuerdan lo que pasó, cómo se construye y transmite la memoria de una generación a otra, por medio de charlas, conversaciones familiares, en la escuela o a través de los medios de comunicación.

Durante su trabajo de campo en Buenos Aires, Susana Kaiser entrevistó a 63 jóvenes, entre 15 y 22 años, quienes no fueron ni víctimas directas ni activistas políticos durante la dictadura, pero quienes nacieron durante o después de ella, todos ellos con un conocimiento completamente mediado de esa época. A través de entrevistas y grupos focales, Kaiser exploró cómo esta generación estaba reconstruyendo su pasado, a través de tres fuentes principales: 1) el diálogo intergeneracional: lo que hablaban con sus familiares, amigos, vecinos y comunidad; 2) la educación y 3) los medios de comunicación. Las preguntas que guiaron sus conversaciones fueron: ¿qué sabían los jóvenes sobre la dictadura?, ¿cómo aprendieron lo que sabían?, y ¿cómo estaban procesando su conocimiento sobre el pasado?

A lo largo del libro, Kaiser estudia las explicaciones históricas que se han dado de la dictadura, los miedos, los silencios generalizados sobre el tema, la paradoja de saber y no saber, la legitimación de la impunidad, la indiferencia, las percepciones de los jóvenes sobre justicia, el rol de los medios de comunicación en la transmisión y reconstrucción del pasado, y los problemas a la hora de representar y transmitir el horror de esos años.

Como ella misma lo señala, sus hallazgos son a la vez sorprendentes y preocupantes. Kaiser nota, por ejemplo, que muchos de los jóvenes ven como normal o natural su vida alrededor de aquellos criminales y abusadores de los derechos humanos. Algunos hallan legítimo y bondadoso el que los represores hayan criado y educado a los hijos de sus víctimas, a pesar de que ellos mismos se hayan apoderado a la fuerza de esos niños.

Otro tema inquietante es el silencio, un silencio que, como dice Kaiser “revela cuán traumáticos han sido los acontecimientos” y que ilustra la dificultad de la sociedad para confrontar un pasado reciente.

“Estos son asuntos clave para evaluar el legado del terror y los roles que esta nueva generación de ciudadanos puede jugar en la consolidación de la democracia”, dice Kaiser.

Aunque en gran medida diferente al caso colombiano, la posmemoria en Argentina ayuda a reflexionar sobre cuestiones trascendentales de la construcción de memoria en Colombia. Aunque cueste mirar a futuro, es necesario cuestionarnos desde ahora. ¿Qué responderán nuestros niños, los futuros jóvenes colombianos, cuando les preguntemos qué pasó en Colombia entre 1958 y 2016 y por qué vivimos un prolongado conflicto armado? ¿Cómo era vivir en Colombia durante ese tiempo? ¿A quién culparán? ¿A quién defenderán? ¿Acaso les importará?

¿Qué es posmemoria y por qué es importante saberlo?

Según la autora Marianne Hirsch, sobreviviente del holocausto alemán y autora del libro La generación de la postmemoria: escritura y cultura visual después del Holocausto, la posmemoria describe la relación que la “generación posterior” tiene con el trauma personal, colectivo y cultural de aquellos que vinieron durante los períodos de guerras, conflictos o represiones. Los descendientes (es decir, nuestros hijos) recuerdan las experiencias de sus padres a través de imágenes que ellos han visto e historias que les han contado.

En su libro La Generación de la Posmemoria, Hirsh argumenta que podemos hacer nuestros los recuerdos de otras personas, que los recuerdos de eventos traumáticos perviven para marcar las vidas de aquellos que no los experimentaron en primera persona. Para ella, las historias catastróficas se heredan a través de la palabra y de imágenes, comportamientos y aficiones transmitidos de una generación a otra.

Niños hoy, gobernantes y votantes mañana. Efectos de la construcción de memoria en la construcción de nación

La actualidad resulta a veces tan abrumadora que sería más fácil dejar pasar el tiempo y ser indiferentes a nuestro rol de padres en la construcción de paz y de país. Podríamos dejar, como solemos hacer, todo en manos de los maestros escolares o universitarios.

Sin embargo, mirar a los ojos a nuestros hijos debería bastarnos para hacer un alto y pensar que, desde el momento en que asumimos el papel de padres, firmamos un compromiso con la sociedad. No se trata solamente de suplir las necesidades fundamentales de estos pequeños, sino de formar ciudadanos, actores políticos que aprendan las lecciones de nuestro pasado y las utilicen en el futuro para edificar la nación y luchar contra las injusticias actuales.

A Susana Kaiser le preocupa pensar en la manera cómo los jóvenes recuerda la dictadura, pues esos recuerdos tienen un efecto real en la construcción de nación. “La memoria tiene valor político y poder. Los relatos históricos que se remodelan para encajar y legitimar un orden social actual se basan en la percepción de que el pasado influye en las acciones del presente y del futuro, que los recuerdos de las personas afectan sus creencias y opciones”.

Posdata sobre Posmemoria y Posconflicto

Quiero terminar este texto con el video Generación sin Mambrú, parte de un ejercicio de algunas mamás colombianas animadas a reflexionar con sus hijos sobre la guerra y la necesidad de la paz en nuestro país.

Escrito por

Periodista, escritora y editora colombiana. Co-fundadora de Diario de Paz Colombia. Estudiante de maestría en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Arizona.

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