Qué debemos entender por “Reconciliación”. Una entrevista con el intelectual alemán Martin Leiner

¿Qué debemos entender por reconciliación? ¿Qué puede aprender Colombia de las experiencias de reconciliación en Medio Oriente y Sudáfrica? ¿Qué hacer ante los que niegan la existencia del conflicto armado colombiano? Estas son las percepciones del profesor y teólogo alemán Martin Leiner, en entrevista con el periodista Juan Diego Restrepo Toro, de la Dirección de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.

Entrevista con Martin Leiner Universidad de Jena Alemania

Director del Centro para el Estudio de la Reconciliación de la Universidad de Jena, en Alemania, el profesor Martin Leiner desarrolla una perspectiva de investigación que propone acciones para transformar los conflictos y propiciar un futuro más pacífico.

El 5 de marzo de 2019, este intelectual alemán visitó la Universidad de Antioquia, como invitado a la cátedra abierta Hernán Henao Delgado, realizada por el Instituto de Estudios Regionales (Iner). La siguiente entrevista fue publicada en el periódico Alma Máter y la reproducimos en Diario de Paz Colombia pues permite ampliar la visión que tenemos del concepto “Reconciliación” y de la construcción de paz en nuestro país.

—El uso cotidiano de palabras como «paz», «guerra» o «conflicto armado» hace que perdamos de foco su significado. ¿Qué debemos entender por «reconciliación»?

—La reconciliación consiste en un proceso de creación de unas relaciones normales —incluso buenas relaciones—, después de atrocidades como guerras civiles, conflictos armados, genocidios o, por ejemplo, el apartheid en Sudáfrica. Representa la búsqueda de mejores relaciones, de manera que el sufrimiento no sea recordado con deseo de venganza o que las heridas queden abiertas. Y esto se puede reflejar en aspectos como la historia en libros de escuela o la manera en la que se hacen los juicios y los procesos de reparación.

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—En el 2017, refiriéndose al proceso de paz en Colombia, usted dijo que «la reconciliación no empieza el día después del fin de una guerra». ¿Qué balance hace hoy del Acuerdo de Paz que se dio con las Farc?

—El asunto es que en medio del conflicto violento hay quienes quieren la paz y la superación del país, y que mantienen relaciones normales con los oponentes. Se trata de un enfoque de transformación de un conflicto violento a uno democrático, en el que se puede dialogar, llegar a compromisos y encontrar formas de convivir. Conflicto y reconciliación van siempre juntos, interactuando entre ellos.

En el caso colombiano se han dado grandes pasos en la búsqueda de la reconciliación con el acuerdo de paz, pero eso no significa que la violencia se haya acabado completamente, ni que hayan sido resueltos asuntos de fondo en las relaciones entre contrarios.

—Para muchos colombianos la firma del Acuerdo era una semilla de reconciliación, pero el resultado del plebiscito por la paz en 2016, la persecución a líderes sociales y el surgimiento de grupos residuales de las Farc dan pistas de una fractura nacional muy profunda. ¿Qué hacer en ese panorama?

—Lo principal para seguir en el camino de la paz es que se consideren las consecuencias de que el conflicto vuelva a empezar y preguntarse si es lo mejor para la siguiente generación o para usted mismo. ¿Es una buena opción seguir en la dirección del conflicto? Tal vez puedes congelar la violencia con medidas de seguridad, pero eso no es sostenible; lo que es sostenible es un cambio hacia una sociedad más pacífica y no violenta.

—”Corazones de carne y no de piedra”, así nombró su reciente conferencia en la Universidad de Antioquia, ¿a qué se refiere?

—Esa frase es tomada del libro de Ezequiel, donde está la promesa de que Dios va a cambiar los corazones de piedra, pesados y sin vida, por corazones de carne, humanos y con sentimientos como el dolor. Es la posibilidad de ser parte de la vida. Usamos esa frase en un proyecto del Centro Jena para Estudios de Reconciliación, en el que participan israelíes, palestinos y alemanes, porque al pertenecer al Antiguo Testamento, la frase es aceptada por la tradición judía, musulmana y cristiana. Como parte de este proyecto trilateral, un grupo de estudiantes palestinos visitó el campo de concentración nazi en Auschwitz, Polonia, mientras un grupo de israelíes conoció el sufrimiento palestino en la ocupación de Cisjordania.

—¿Qué tiene por aprender Colombia de las experiencias de reconciliación en Medio Oriente y Sudáfrica?

—De Sudáfrica, la importancia de la comisión de la verdad. Aunque fue criticada porque se esperaba mucho de ella, por ejemplo, en temas de justicia, lo que logró en tres años fue enorme porque creó un nuevo país y la gente tomó conciencia de qué había pasado. Según las encuestas, cerca del 70 % de la población blanca considera que el apartheid fue un crimen contra la humanidad, cuando antes de la comisión solo lo pensaba el 10 %.

Del Medio Oriente, Colombia podría reconocer lo importante de mantener la voluntad dela reconciliación. Aunque allí se lograron los acuerdos de Oslo, con una hoja de ruta para superar el conflicto entre israelíes y palestinos, hubo ataques terroristas y el proceso se detuvo. Este es un ejemplo negativo de lo que no se debe hacer, porque el conflicto se puede perpetuar a la siguiente generación. Hay que aceptar que incluso durante los procesos de paz hay violencia, pero después de ese periodo el país surge, como florecieron Sudáfrica, Ruanda, Liberia y El Salvador.

—En las últimas semanas se ha dado en Colombia un encendido debate sobre el deber de la memoria histórica, ¿qué implica la memoria para la reconciliación?

—Es muy importante ser creativo para construir lugares de la memoria, escribir libros y conmemoraciones que puedan traer reconciliación. Es importante que las víctimas tengan experiencias de expresión, porque la memoria es un proceso que está evolucionando y tiene muchas caras. No es algo que se queda congelado en un momento y la gente sigue viviendo en el pasado.

—¿Qué hacer ante los que niegan el conflicto y sus consecuencias?

—Es importante desarrollar capacidades para que cada ciudadano pueda averiguar por sí mismo lo que pasó. Cuando yo estaba muy joven, 20 años después del régimen nazi, las personas de mi generación empezamos a preguntar a nuestros padres dónde estuvieron y qué hicieron durante la guerra [Lee también: ¿Qué es posmemoria?]

A algunos de nuestros abuelos, que habían militado en el partido, les preguntábamos cómo pudieron pensar que era una opción asesinar a seis millones de judíos. Pero la verdad no puede ser aprovechada para dividir entre la “gente buena” y la “gente mala”. Tenemos la oportunidad de aprender de nuestros padres, porque todo el mundo comete errores en su vida y, a veces, errores muy graves.

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Reproducimos esta entrevista con autorización de la Dirección de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia. Puedes consultar la publicación original en la versión en línea del periódico Alma Máter

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