“La casa grande”: escritura comprometida y anti-modernidad en Colombia

Para Carlos Andrés Cazares –periodista y magister en Literatura– hay tres puntos importantes para comprender la relevancia de esta obra en la historia colombiana. Un artículo para estudiar más a profundidad esta novela. Parte especial Leer para entender La casa grande, del Club de Lectura Virtual.

Por Carlos Andrés Cazares

A lo largo del siglo XX, la escritura latinoamericana estuvo marcada por un pensamiento convulso en torno a la toma de partido político y una reinvención de la estética narrativa como identidad continental. En Colombia, este tipo de diatriba también tuvo lugar y, en este contexto, Álvaro Cepeda Samudio se consolidó como uno de los artífices de la palabra incómoda en la Colombia de los años sesenta.

Mientras el mundo empezaba a conocer a los autores del denominado “Boom latinoamericano” (Gabriel García Márquez, de Colombia; Mario Vargas Llosa, de Perú; Julio Cortázar, de Argentina, y Carlos Fuentes, de México), Cepeda Samudio hacía eco de esta realidad para hacer una denuncia epistemológica e histórica de su país, en específico de la región Caribe.

Sus trabajos periodísticos y de ficción estuvieron en consonancia con la conciencia política. Y es desde esta perspectiva que propongo aproximarnos a su obra cumbre: La casa grande (1962), con la cual logra consolidarse como un escritor de índole revolucionaria y comprometida.

critica casa grande

1. Deconstruir el discurso progresista

En primera medida, lo que puede observarse es que esta novela no apura por una reconstrucción de la memoria –como factor colectivo, no individualista– propia de los matices contemporáneos, sino que aboga por una deconstrucción del discurso desarrollista y progresista que se había desdibujado en su totalidad en el siglo XX, pero que en Colombia solo tendría eco a partir de artífices como Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Pedro Gómez Valderrama, entre otros escritores. 

La novela La casa grande tiene como escenario principal la reconstrucción ficcional de un hecho histórico de alta trascendencia en Colombia: la masacre de las bananeras. La obra retrata este acontecimiento desde varios frentes y voces. Ahonda en una estética vanguardista, con la que invita a la reformulación de una narrativa que tenga equilibrio entre la forma y el contenido. Así, quiere mostrar las diferentes caras de un mismo evento, centrando la mirada tanto en victimarios como en víctimas. Es por ello que el punto de partida del obra presenta el papel de los victimarios (los soldados) en aquella masacre y, en igual sentido, muestra el rol que jugaron las víctimas (el pueblo).

La obra se eleva en carácter experimental, ya que hace uso de diferentes voces narrativas y temporales: un fragmento se narra en segunda persona, otros están construidos a partir de diálogos. Y en esta decisión se aprecia el primer rasgo de disidencia por parte del escritor: la experimentación narrativa.

Cepeda Samudio hace eco de las nuevas formas de representación que se generaron en el mundo tras la terminación de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En las artes plásticas surgieron movimientos denominados “segundas vanguardias” (1945-1970), desde los cuales se hizo manifiesto el cansancio ontológico sobre el papel del ser humano en el planeta.

Esta situación es similar a la generada en la escritura tras la finalización de las dos guerras mundiales. En Europa, los autores se comprometieron más con la literatura, como factor político, ante una posible destrucción del ser humano.

En La casa grande la experimentación es de tipo formal y narrativo: se denuncia la corrupción existente en la manera en que se cuenta la historia en Colombia. Al hacerlo, el escritor caribeño se convierte en un abanderado político, con una postura clara por la lucha de clases y la memoria histórica. 

La línea narrativa es, por su parte, producto de un cumulo de situaciones que alimentaron el contexto cultural y político del autor. Entre estos se encuentran sus estudios realizados en Estados Unidos, el éxito de la revolución cubana y, por supuesto, la oleada intelectual francesa, que influye la literatura. En este punto, se puede decir que la obra de Cepeda Samudio es una respuesta a la convocatoria que hacía el escritor francés Jean Paul Sartre en Qu’est-ce que la littérature? (¿Qué es la literatura?) (1948) cuando invitaba al compromiso político por parte de los escritores y los artistas a nivel mundial

Es de desear que toda la literatura se haga moral y problemática, como este nuevo teatro. Moral, no moralizadora: que muestre simplemente que el hombre es también un valor y que los problemas que plantea son siempre morales.(Sartre, 1957, p. 154). 

2. La fallida industrialización colombiana

En Colombia, La casa grande representa ese compromiso por la memoria. Se quiere sacar del olvido aquellas voces que quedaron enterradas tras los asesinatos y la imposición imperialista, contexto sobre el que se cierne la segunda característica de la propuesta narrativa de Cepeda: la fallida industrialización colombiana.

En la novela se ve un rechazo explícito hacia el concepto de desarrollo acuñado en la Colombia de principios de siglo XX, ya que el autor retrata una sociedad con avances tecnológicos, pero adolecida en equidad social. Su evidente ataque a la locomotora, a los procedimientos burocráticos y a la tecnificación de la guerra, hacen que la novela se convierta en una ventana de inconformismo frente al modelo de país que se plantea en el momento de la “masacre de las bananeras” (y que continúa).

La mofa constante a los usos del capital y la malversación de la tecnología son la herramienta ideal para dicha crítica:

Cubrieron el tren, apretujándose en los carros abiertos y sobre los techos de los vagones cerrados, colgándose de las escalerillas de los freneros y de los estribos de la locomotor. (Cepeda Samudio, 1985, p. 34).

En la novela encontramos personajes desordenados y erráticos, quienes habitan un lugar derruido por la naturaleza. Los pueblos que narra el escritor son fruto de la inequidad social, en contraste con la supuesta esperanza que es relegada al desarrollo tecnológico. Y es precisamente ese supuesto progreso, acuñado por el modo de producción capitalista, el que Cepeda Samudio rechaza y del que se quiere burlar, afirmando que en Colombia no existe dicho bienestar acodado en la tecnología y que, de hecho, es fallido.

3. La anquilosada modernidad colombiana

Tras esta crítica a la industrialización errática del país, llegamos el tercer punto disruptivo en la novela: la critica a la anquilosada modernidad colombiana. La casa grande es perfecta a la hora de denunciar la falla de un proyecto nación en Colombia. Se dilucida una falta de presencia estatal en el territorio nacional, al igual que una mercantilización del suelo, el cual se deja a merced de las multinacionales y a la globalización comercial, ejemplificado en la United Fruit Company (UFC).

En esta obra hay una crítica directa a la manera en la que el gobierno colombiano de la época priorizó los intereses de empresas foráneas, sobre el de los trabajadores colombianos. Se denuncia una pauperización de la calidad de vida y una destrucción masiva del territorio.

“Carmen siguió contando que la estación estaba llena de soldados: (llena de cachacos que habían llegado de Barranquilla en la madrugada y que iban para La Zona a defender los intereses de la Compañía y aunque estaban bien armados (…) decían que las balas eran balas dum-dum, de las que atraviesan.” (p. 42).

Esto conlleva a la pregunta sobre la eficacia de los procesos de inclusión laboral y social llevados a cabo en el momento. En la novela se hace una apuesta ferviente en denunciar el fracaso de proyecto desarrollista mundial, que de paso abriga un rechazo al supuesto beneficio de la revolución industrial, la cual mostraba el punto cúspide de la modernidad y que fue desechado por la filosofía de finales de siglo.

Respecto a ello, el sociólogo francés Alain Touraine, un fuerte crítico de la modernidad, sentó su voz y aseguró que: 

Ya no percibimos la existencia de una sociedad organizada alrededor de instituciones políticas. Por una parte, vemos centros de gestión económica, política y militar; por otra el universo privado de las necesidades. Toda correspondencia entre el sistema y el actor parece haber desaparecido. Ya no pertenecemos a una sociedad, a una clase social o a una nación, en la medida en que nuestra vida, está en parte determinada por el mercado mundial y al mismo tiempo encerrada en un universo de vida personal, de relaciones interpersonales y de tradiciones culturales. (Touraine, 1994, p. 364).

La crisis de un país sin memoria

Las tres características expuestas son fundamentales en el entendimiento de la obra, sin embargo, no son, en sí, la representación total de la obra, que, en igual medida, es una cara intrépida de la manera en que la narrativa puede desbordar los límites de la forma y el contenido para dar por sentada una idea.

La crisis presentada en un país sin memoria colectiva, que ataca a sus propios ciudadanos, es la manera que elige Cepeda Samudio para decir que Colombia no tuvo un proyecto de modernidad. La razón y la ciencia estuvieron a merced de intereses económicos, en virtud de pequeños terratenientes que empezaban a martirizar a los campesinos, pobladores del vasto territorio.

La Colombia de principios del siglo XX fracasó en su proceso de consolidación como Estado, abandonando los derroteros de su independencia. No hubo una apropiación del concepto de modernidad, tan solo se adoctrinaron los modelos económicos de explotación y del capital.

La “masacre de las bananeras” es un acontecimiento del que se apropia Álvaro Cepeda Samudio para rechazar la manera en que Colombia se construía como nación. El Estado había fracasado como benefactor del pueblo y esto no se podía dejar pasar. Los relatos experimentales, narrados por voces al parecer subalternas, sirven en la novela para dilucidar una realidad que a despecho de ser historia necesita ser re-narrada.

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* Carlos Andrés Cazares es comunicador social, periodista y magíster en literatura.

Referencias bibliográficas en el texto:

  • Cepeda Samudio, Álvaro (1985) La casa grande. Plaza y Janés editores, Bogotá.
  • Sartre, Jean-Paul (1957) ¿Qué es la literatura? Editorial Losada S.A., Buenos Aires.
  • Touraine, Alain (1994) Crítica a la modernidad, Trad: Alberto Luis Bixio, Fondo de cultura económica (FCE), Buenos Aires.

Más artículos sobre la obra de Álvaro Cepeda Samudio en:

CLUB DE LECTURA DIARIO DE PAZ COLOMBIA

Escrito por

(Ibagué - 1991) Comunicador social - periodista. Magíster en literatura. Escritor académico en temas de literatura latinoamericana, lengua popular y oralidad. Publicaciones en coautoría: Antología 21 de noviembre ITA Editores (2020) De boca en boca, imaginarios del chisme en Ibagué (2018) Guerra, nación, medios y cultura: una mirada caleidoscópica a la investigación en comunicación. (2017)