Mamá Bárbara. Una vida de liderazgo social en las montañas del Cauca

En una comunidad campesina en las montañas del departamento del Cauca, la colombiana Bárbara Yusti trabaja en lo que ella llama un modelo de “Pedagogía del amor y el respeto”. Esta es la historia de su vida, contada desde Francia por su hija Maria Isabel Zamora Yusti, un homenaje a su madre y a su incansable lucha por construir una sociedad mejor. ¿Qué hace Mamá Bárbara? ¿Cómo ayudarla a ayudar?

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Por Maria Isabel Zamora Yusti*

Bárbara es mi mamá y es la creadora y directora de la Fundación Las Pléyades, inaugurada legalmente hace ocho años, pero en la que viene trabajando desde hace casi tres décadas. Su misión: trabajar por el fortalecimiento familiar en poblaciones vulnerables, enfocada en niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Desde su terreno y su casita en las montañas de Santander de Quilichao, Cauca, mi mamá le enseña a las familias indígenas y campesinas a sanar, a cultivar valores y verduras, a emprender proyectos juntos que les permitan tener mejores ingresos. Su deseo es que los padres no abandonen a sus hijos en el campo, un drama que comienza cuando se van a trabajar a la ciudad, dejando atrás a niños a menudo abusados, a menudo en condiciones de físico abandono.

Bárbara, mi mamá, también se reúne con los abuelos y con las mujeres para valorizar el conocimiento ancestral, la lengua nasa-kiwui, y para enseñarles a leer. Hace todo esto porque le gusta, “porque me nace”, como dice ella, porque no le cuesta nada.

Todas las tardes, después de la escuela, mi mamá recibe a los estudiantes en la sala de su casa, adonde tiene organizada una biblioteca para que hagan las tareas. Allí también pone a dibujar a los niños que pasan a saludarla. Entre muchas otras acciones, organiza obras de teatro que buscan promover el respeto por los abuelos y los valores, tiene un proyecto de huertas, un banco de alimentos y un mercado verde comunitario que lleva su nombre: Mercado Mamá Bárbara.

Ayer –mientras trabajaba en este escrito– hablé por teléfono de nuevo con ella y me dijo que hace unas semanas sembró un cultivo de mora, que está en cosecha de rábano, que tiene arracacha, zanahoria, y que está trabajando en un proyecto que bautizó “gallinas felices”, con el plan de vender en la comunidad los huevos de gallinas criadas al aire libre y al mismo tiempo promover la independencia económica de las mujeres.

Mi mamá dice que sueña con recoger el café que tienen sembrado en la vereda, prepararlo y empacarlo, todo esto para que, en el mercado verde, la gente vaya a la Fundación a conocer sus proyectos y a comprar los productos del campo, es decir, hacer agroturismo.

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Desde hace años, mi madre intenta obtener la aprobación de proyectos, porque ideas aún tiene miles, y ganas de hacer las cosas también. Pero nunca ha sido posible que le ofrezcan su ayuda sin antes pedirle votos, o que la apoyen sin antes pedir papeles que ella no sabe diligenciar, trámites por computador que ella misma maneja muy poco. Bárbara no quiere que le exijan amoldarse a formalidad alguna, porque ella no le exige nada a quien le da.

Cada diciembre, por medio de amigos reúne regalos y organiza, sin falta, un almuerzo comunal en donde se celebra la Navidad. A veces, mis hermanas y yo nos preguntamos por qué lo hace, si realmente sirve de algo un regalo, pues en lugares tan olvidados, cuando alguien da, se gana los reclamos de quienes han sido siempre negados por el mundo. Pero ella nos responde: “Mija, para mí no es nada. Pero imagínese para ellos: pasar la Navidad sin ver un regalo. Para ellos, ese regalito es todo”.

En una frase, yo diría que la misión de mi madre, tal vez una de origen cósmico, tal vez encarnada por ella misma en su amplio corazón, ha sido sanar el mal más grande que existe en la Tierra, que no es material. Ella lo llama: “La miseria del alma”.

Su historia en cinco capítulos

Para contar parte de la historia de mi madre, he dividido este relato en cinco capítulos que quiero ir compartiendo uno cada semana. Esta es una invitación, no solo a que aprecien su trabajo y su experiencia de liderazgo social, sino a que conozcan la Fundación Las Pléyades y se solidaricen con su proyecto de “Pedagogía del amor” en comunidades campesinas, indígenas y afro en el norte del Cauca.

Para comenzar, este es el primer capítulo. Así comenzó la vida de mi madre. Ella es Mamá Bárbara.

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Espera el capítulo 3, el domingo 26 de mayo.

Esta historia continuará…

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Espera cuatro capítulos más sobre la juventud, las búsquedas, iniciativas y proyectos sociales de Mamá Bárbara, una vida entregada a promover el amor propio y la armonía en comunidades vulnerables del campo colombiano.

* Maria Isabel Zamora Yusti estudió en la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Universidad del Valle. Actualmente reside en Francia en donde estudió una maestría en traducción en la Université Lumière Lyon 2. Fotos: Archivo Particular Edición: Koleia Bungard

  • Para conocer más sobre el trabajo de Mamá Bárbara en la Fundación Las Pléyades, puedes seguirla en Facebook.
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