Una mente abierta. La historia de Mamá Bárbara, capítulo 2

Este capítulo hace parte del especial Mamá Bárbara. Una vida de liderazgo social en las montañas del Cauca. Escrito por Maria Isabel Zamora Yusti, desde Francia, en homenaje a su madre. Lee aquí la introducción a esta serie. Y el primer capítulo: “La conocí al nacer”.

Antes de estar casada y de ser madre, Bárbara pasó su juventud haciendo cosas tan variadas que parecen increíbles. Como se le perdía a mi abuela, esta se fue a seguirla a ver qué tanto es que hacía. Un día, la abuela me contó que la encontró subida a un pupitre de escuela, dando discursos sobre la importancia de la educación.

Más adelante, mi madre se convirtió en líder joven de un partido político. Se propuso conseguirles becas para la universidad a los estudiantes pobres, ¡y lo logró! Era tan encantadora que hasta su padrino político se enamoró de ella. Pero, aunque podía llegar lejos en estos espacios, la visión de la gente de su círculo cercano la alejó y desencantó para siempre de la política.

Mientras estaba en tales inquietudes, se hizo amiga de un físico francés: Michel Valero, al que un día le mandó una carta en la que le decía: “Ese libro suyo no lo entiende nadie”. El físico acabó por invitarla a congresos de física y a venir con regularidad a almorzar a casa de mi abuela los domingos.

Al terminar su bachillerato (perdió el grado once dos veces, una por injusticia, la otra por dejadez), comenzó a estudiar bioquímica en una universidad en Cali, pero no estaba de acuerdo con muchas cosas que enseñaban los maestros y prefirió no continuar. Entonces se fue a Popayán, en donde se inscribió a la carrera de medicina y biología y fue brillante, incluso la becaron. Allá se hizo amiga de los profesores más reconocidos, no solo de ese departamento sino también de los de matemáticas, ingeniería y literatura, relaciones que servirían después cuando sobrevivió vendiendo libros del Círculo de Lectores.

Para seguir con sus estudios, mi abuelo le mandaba desde su pueblo los gastos del mes, pero, según cuenta mi papá, se lo gastaba todo en una semana. A su cuarto llegaban todos los estudiantes pobres a compartir una sopa o un arroz con leche que ella cocinaba con mechero. En cuanto a los estudios, de la carrera de medicina renunció por cuestiones de ética; de biología renunció porque criticaba las prácticas crueles hacia los animales y porque no quería tener sexo con el profesor para pasar la materia, como habían hecho algunas de sus compañeras.

Algún tiempo después, Bárbara quedó embarazada. Mi abuelo se enfurenció y dijo: “¡Yo la mandé fue a estudiar, no a que se casara!”. Pero así fueron las cosas, a mi mamá y a mi papá les tocó entonces abandonar sus respectivas carreras, vender libros en bicicleta, formar un hogar.

Mi padre, estudiante brillante de ingeniería electrónica, lector insaciable, dejó su carrera con algún rastro de decepción hacia la ciencia y las matemáticas, en cuyas elocubraciones fantásticas se perdía por momentos con sus profesores más eminentes, pero cuya búsqueda –se vería con los años– iba mucho más allá: hacia lo metafísico y lo espiritual del ser humano. Entonces se entregó a una carrera de vendedor mayorista para sacar adelante a su familia, mientras que mi madre se dedicó al hogar.

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Mamá Bárbara con su primer esposo y sus cuatro hijas: Diana, Andrea, Maria Isabel y Bárbara.

De aquellos días aún recuerdo a mi padre limpiando sus discos los domingos, uno por uno, frente a su inmensa colección musical. También vuelven a mi mente las veladas con los amigos en las que hablaban de tantas cosas interesantes (y yo pegando oreja), las grandes fiestas de cumpleaños en nuestra casa, adonde llegaban todas las amigas de mi mamá con pasteles espectaculares. Y aún me parece oír llegar a la tía Hada en “la vaca” un carro apodado así porque en vez de pitar como cualquier carro, pitaba: ¡MUU-MUUU!

Doce años y cuatro hijas después, mi madre decidió separarse, por mil razones, pero, la más importante: su libertad. ¿Demasiado jóvenes e inexpertos para formar un hogar sólido? ¿Demasiado trabajo, presión, desacuerdos? Sea como fuere, mi madre decidió irse a vivir sola, con sus mechas, sin un peso, y, a los 37 años, se inscribió en la carrera de ecología en la Fundación Universitaria de Popayán.

Tiempo después, en el parque Caldas de esta ciudad, vio pasar a un hombre de cabellos largos y negros al que le dio por gritarle: “¡Que Dios le Bendiga su pelo!”. Con los meses, este señor se convertiría en su compañero y en un segundo padre para nosotras.

En el siguiente capítulo veremos cómo Mamá Bárbara llegó a vivir con sus hijas a una vereda en las montañas del Cauca, en donde transformó la vida de decenas de niños, madres y campesinos que, entre otras cosas, gracias a ella pudieron disfrutar de una biblioteca por primera vez.

Esta historia continuará…

Mamá Bárbara(11)

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Espera tres capítulos más sobre la vida de Mamá Bárbara, una mujer entregada a promover el amor propio y la armonía en comunidades vulnerables del campo colombiano. Lee aquí la introducción a esta serie. Y el primer capítulo: “La conocí al nacer”.

* Maria Isabel Zamora Yusti estudió en la Escuela de Ciencias del Lenguaje de la Universidad del Valle. Actualmente reside en Francia en donde estudia una maestría en traducción en la Université Lumière. Es una apasionada de la escritura y la liteartura. Fotos: Archivo Particular Edición: Koleia Bungard

  • Para conocer más sobre el trabajo de Mamá Bárbara en la Fundación Las Pléyades, puedes seguirla en Facebook.
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2 comentarios sobre “Una mente abierta. La historia de Mamá Bárbara, capítulo 2

  1. Leer el diario de paz, es un motivo más para agradecer el don precioso de la palabra, que nos identifica como seres humanos,movidos por la sistole y diástole de nuestras corazonadas,y cada capítulo de este diario escrito por la poetisa María Isabel nos permite explorarnos, desentrañar en la escritura la vida y obra de los seres protagonistas con un proyecto de vida definido, enaltecemos ese sentido común que se nos ha dado,y que nos permite sortear dificultades, avanzar sin darle tregua al desaliento, y que nos permite configurar mundos,crear situaciones,generar cambios.
    Que es lo que hace que el alma se disponga a aceptar un destino?
    Mamá Bárbara le llama estados exaltados de belleza, donde confluyen el espacio y el tiempo,y aquellos instantes provocan ese deya-vu, (ya lo viví), la mayor experiencia del ser humano es la de compartir su vida con la del otro, y en este cruce prodigioso es cuando se produce el vértigo de la vida, “haciendo de cada ayer un sueño de felicidad, y de cada mañana una visión de esperanza”, es en este sentido que la vida nos va alineando con un propósito, y que al ser cumplido, nos conlleva al mismo acto de amar.
    Esta es mamá Bárbara una mujer solo nacida para amar, y ser amada.
    Felicidades y felicitaciones.

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  2. Que bello relato de Mamá Bárbara, que tenacidad en la vida; además de leer relatos sencillos e interesantes, nos llega al corazón tanta valentía de nuestra gente humilde que construye de verdad convivencia y proyectos de vida con las uñas, como dicen, pero también como mucho coraje y amor!. Gracias por esta nueva apuesta de relatar bonito!

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