El mensaje de paz que el joven colombiano David Santiago Cano llevó a la ONU

Como representante de la juventud colombiana, el 14 de abril de 2020, David Santiago Cano Salazar pronunció un discurso durante una de las sesiones trimestrales sobre Colombia del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas. Durante su intervención, Santiago habló del proceso de implementación del Acuerdo de Paz, de su labor como constructor de paz en territorios rurales y de la incertidumbre frente a los planes institucionales que permitan brindar ayuda a las poblaciones vulnerables durante el Covid-19. A continuación compartimos su inspirador mensaje.

Por David Santiago Cano Salazar*

Sr. Presidente, Miembros del Consejo de Seguridad, Sra. Canciller, Sr. Representante Especial:

Es un gran honor hablar frente a ustedes hoy, para compartir algunos pensamientos sobre el proceso de paz en mi país. No puedo afirmar que hablo en nombre de toda la población joven de Colombia, pues nuestra juventud es activa, apasionada y sumamente diversa. Sin embargo, puedo hablar desde mi perspectiva personal como alguien que ha sido testigo de la transformación positiva que ha tenido mi país desde la implementación del Acuerdo de Paz, y que decidió involucrarse para ayudar a que esa paz florezca día a día.

Si bien no fui una víctima directa, creo que todos los colombianos y las colombianas que vivimos durante el conflicto hemos sufrido las consecuencias de la violencia. Nací en Medellín a principios de los años noventa, en una época de mucha violencia, alimentada por el narcotráfico. Soy hijo de una familia promedio colombiana, de padres que se esforzaban mucho por mantener a su familia. Al pensar en mi niñez, vienen a mi mente recuerdos de algunos vecinos que fueron asesinados, del sonido de disparos en las calles, de las imágenes violentas en las noticias y del miedo generalizado. [Lee también: El estupor de vivir en Medellín entre 1988 y 1993. Un estudio de Anacristina Aristizábal]

Debido a este legado común, estoy convencido de que todos los colombianos y las colombianas también compartimos la responsabilidad de contribuir a esa paz que tanto anhelamos. Con esta convicción en mente, cuando tenía 21 años me uní a TECHO, una organización sin fines de lucro que moviliza a decenas de miles de jóvenes voluntarios para apoyar a comunidades vulnerables, incluyendo víctimas de desplazamiento forzado, a través de la construcción de viviendas de emergencia y otros programas de inclusión social.

© Santiago David Cano Salazar (1)

Durante este tiempo, viajé por todo el país y escuché de parte de jóvenes colombianos y de comunidades afectadas por el conflicto sus expectativas y esperanzas en que se lograra un final pacífico al conflicto. El Acuerdo de Paz con las FARC-EP cumplió muchas de estas expectativas, pero al mismo tiempo aumentó la esperanza en que la violencia finalmente se acabe en nuestro país, y que la paz y el desarrollo lleguen finalmente a las zonas rurales de Colombia. Hoy, esas expectativas se mantienen, y estamos todos y todas llamados a hacer nuestro mayor esfuerzo para cumplirlas, tomando como base la implementación del Acuerdo de Paz en su integralidad.

Señor Presidente:

En julio de 2018, viajé con la Misión de Verificación de la ONU y un grupo de jóvenes líderes y emprendedores a uno de los antiguos espacios territoriales para la capacitación y reincorporación (ETCR), en Miravalle, Caquetá. Fuimos invitados para ser los primeros visitantes a un proyecto turístico dirigido por excombatientes en un lugar que por muchos años estuvo en el corazón del conflicto. Lo que viví en esa visita me conmovió profundamente: soldados que años atrás tenían la responsabilidad de luchar contra las FARC-EP ahora estaban dedicados totalmente a proteger a sus antiguos adversarios; al mismo tiempo, miembros de la comunidad local se estaban capacitando para ser guías turísticos junto a los excombatientes. Fue especialmente alentador escuchar de parte de los y las excombatientes su firme convicción en el proceso de paz y su anhelo por construir una nueva vida para ellos y sus familias. [Lee también: Rafting por la paz. El deporte que transformó la vida de cinco excombatientes de las Farc]

Después de esa experiencia, me comprometí a apoyar a los excombatientes y sus comunidades locales con sus proyectos productivos. Es por esto que en diciembre de 2019, y en alianza con la ONU, la Agencia para la Reintegración y Normalización y varias ONGs, logré movilizar jóvenes voluntarios en Bogotá para llevar a cabo una feria en la cual los excombatientes pudieron vender sus productos agrícolas y artesanías, entre otros. Para mí fue muy inspirador ver a personas en uno de los barrios más exclusivos de la capital comprando productos e interactuando con excombatientes. Todas las iniciativas lograron superar sus expectativas de ventas.

Una de las iniciativas que se presentaron en la feria fue el café “Sabor La Esperanza” proveniente del departamento del Cauca. Quedo con el compromiso de hacerles llegar a todos los miembros del Consejo una muestra de este delicioso café para que puedan disfrutar del sabor de la esperanza, la paz y la reconciliación.

Ahora estamos trabajando para replicar esa feria en otras ciudades y además creamos un programa a través del cual jóvenes emprendedores están acompañando estos proyectos como mentores para brindarles asesoría técnico. Este es uno de los muchos ejemplos de cómo los y las jóvenes colombianos estamos trabajando para apoyar la paz y la reconciliación en Colombia. [Lee también: Así puedes apoyar los emprendimientos de los excombatientes de las Farc].

Señor Presidente:

Me gustaría ahora aprovechar este espacio para resaltar algunos de los principales desafíos que enfrenta la consolidación de la paz en Colombia. Los siguientes puntos están basados en mis observaciones personales y mis conversaciones con jóvenes, excombatientes, y líderes y lideresas comunitarias.

Primero, las consecuencias económicas resultantes de la pandemia del COVID-19 están teniendo su mayor impacto en las personas más vulnerables; por esto, se deben tomar medidas para apoyarles. La implementación de los programas de desarrollo con un enfoque territorial –PDET–, deben continuar, ya que las comunidades esperan los beneficios de estas inversiones. Me preocupa que los jóvenes mentores que están asesorando las iniciativas productivas que se presentaron en la feria han alertado sobre la disminución de ventas en los productos de estas cooperativas. El apoyo decidido a estas iniciativas es fundamental para que ellos y sus familias puedan sobrellevar estos momentos difíciles. Frente a esto, los mentores los están ayudando a pensar en formas innovadoras de adaptación, como ventas en línea, certificados de regalo y el lanzamiento de nuevos productos. Por ejemplo, estamos muy orgullosos por la iniciativa de los excombatientes de la cooperativa Pazarela-TejPaz, quienes están ahora produciendo tapabocas como respuesta al COVID-19.

En segundo lugar, la constante violencia contra líderes y lideresas sociales sigue siendo una de las heridas más profundas en nuestra conciencia nacional, y es una tragedia que ha motivado a jóvenes de todo el país a movilizarse en defensa de ellos. Recientemente participé en varias sesiones de la Conversación Nacional que han impulsado el Presidente Duque y su gobierno, en el espacio sobre juventud. Jóvenes líderes de las zonas rurales de Colombia hablaron sobre la intimidación que enfrentan, lo cual limita su capacidad de ser agentes de cambio. Me sorprendió en especial escuchar a una joven afrocolombiana del departamento del Chocó que describió como otros jóvenes de su zona no participan en foros de liderazgo o espacios políticos porque temen ser amenazados por grupos armados ilegales. Es por esto que se deben tomar medidas para garantizar la protección de los y las jóvenes líderes en Colombia, para que personas valientes como esta mujer del Chocó no tengan que temer por sus vidas cuando intentan defender a sus comunidades.

Tercero, en mi experiencia con comunidades rurales a lo largo y ancho del país, he escuchado una queja constante referente a la poca presencia del Estado en sus territorios. Las comunidades quieren y necesitan maestros(as) y doctores(as), carreteras y escuelas, inversiones y oportunidades. A lo largo de nuestra historia, la geografía de Colombia ha creado divisiones fuertes entre las ciudades y las zonas rurales. Ahora que el conflicto con las antiguas FARC-EP ha terminado, este gobierno y todos los gobiernos futuros, tienen la oportunidad –de hecho el deber– de comprometerse a llevar la presencia integral del Estado a estas zonas.

Es necesario aclarar que en muchas de estos territorios, los carteles del narcotráfico y los grupos armados ilegales aprovechan la falta de presencia del Estado para extender su control, incluso a través del reclutamiento de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Permítanme ser sincero; mientras continúe el consumo de cocaína, incluso en muchos de sus países, son los jóvenes y las personas mas empobrecidas en países como Colombia quienes terminan pagando con sangre, lágrimas y sufrimiento. La solución frente a esto no es la erradicación, que deja a los agricultores con pocos recursos para su sustento; la solución es la sustitución de cultivos y la generación de oportunidades económicas. He tenido la oportunidad de compartir muchas veces con familias que han tenido cultivos de coca y puedo garantizarles que si se les dan las herramientas adecuadas y el acceso a mercados, ellos preferirían cultivar café o cacao, en lugar de coca.

Finalmente, como un hombre joven, me enorgullece saber que el Acuerdo Final de Paz en Colombia incorpora acciones para incentivar la participación de las mujeres, incluyendo apoyo a las lideresas y las excombatientes. En cada esfuerzo de consolidación de paz o de desarrollo comunitario en el que he estado involucrado, el éxito ha dependido de la participación igualitaria de hombres y mujeres. Todos y todas debemos reconocer esto y se deben hacer esfuerzos genuinos para implementar las disposiciones sobre género contenidas en el Acuerdo de Paz.

Señor Presidente y distinguidos embajadores y embajadoras:

Antes de concluir, quiero agradecer al Consejo de Seguridad y a la comunidad internacional por su apoyo al proceso de paz en Colombia. Les agradezco en nombre de todos los y las jóvenes colombianas que ahora están creciendo en un país con menos miedo y más oportunidades. Desde que se firmó el Acuerdo de Paz, he visto a personas que fueron secuestradas por las Farc-EP hablando con excombatientes, he visto a policías y excombatientes compitiendo en un mismo equipo en el Campeonato Nacional de Rafting, y he visto a un gran número de jóvenes visitando selvas tropicales y otras zonas de nuestro país que años atrás eran inaccesibles debido al conflicto. Nada de esto hubiera sido posible sin el Acuerdo de Paz.

Agradezco al Consejo de Seguridad y a la Misión Permanente de la República Dominicana por esta oportunidad de participar en esta reunión. Espero que el Consejo continúe invitando a otros y otras jóvenes líderes a dirigirse a este distinguido Consejo. Les puedo asegurar que en todos los países que hacen parte de la agenda del Consejo, hay jóvenes como yo que trabajan arduamente para construir paz y tienen importantes contribuciones para hacer a las discusiones del Consejo.

También agradezco a la Misión de Verificación de la ONU por promover la participación de jóvenes colombianos en los esfuerzos de construcción de paz. También al Gobierno colombiano por haber realizado una Conversación Nacional sobre juventud, de la cual espero con especial atención ver resultados concretos. En particular, agradezco la apertura de la Agencia para la Reincorporación y Normalización por trabajar en diferentes iniciativas con jóvenes; junto a la ARN hemos realizado excelentes proyectos hasta ahora.

Señor Presidente, Miembros del Consejo:

Como ustedes saben, el Secretario General ha pedido un cese al fuego mundial para que toda la humanidad pueda unirse para luchar contra esta pandemia. Aún así, no deberíamos necesitar de una pandemia para abogar por el silenciamiento de las armas con el fin de centrarnos en las mayores amenazas para nuestra supervivencia, desde el cambio climático, hasta el crimen transnacional, hasta la pobreza. Algo así fue lo que sucedió en Colombia: el final del conflicto con las Farc-Ep nos ha permitido centrarnos en los problemas estructurales que afectan a nuestro país.

Los y las jóvenes de todo el mundo esperamos que este Consejo cumpla con su responsabilidad de promover la paz y seguridad internacional. Les insto a ustedes a ver esta pandemia como un momento para demostrar que somos más fuertes cuando estamos unidos, y que todos tenemos la gran responsabilidad de lograr cumplir el primer objetivo establecido en la Carta de las Naciones Unidas, que es, como ustedes conocen, “preservar a las generaciones futuras [incluida la mía] del flagelo de la guerra.”

Muchas gracias.

David Santiago Cano Salazar @santiagocano. Es ingeniero industrial de la Universidad San Buenaventura, magister en Resposabilidad Social y Sostenibilidad, y trabajó durante siete años en la organización TECHO. Actualmente es consultor para el Fondo Mundial para la Naturaleza y coopera en la consolidación de proyectos empresariales de excombatientes en proceso de reincorporación. Fotos: cortesía del autor.

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