“Memoria por correspondencia”: una energía desbordante orientada hacia la libertad


En esta breve reseña, la escritora Auria Plaza comparte la profunda impresión que le dejó la lectura de Memoria por correspondencia, el segundo libro del reto 10 Libros en 2021. Este texto resalta los aspectos que llevaron a la lectora a entregarse por completo a la obra. Encuentra aquí más contenidos relacionados con este libro de Emma Reyes.


Por Auria Plaza* [Armenia, Colombia]

Hace unos años, una amiga llegó muy entusiasmada hablando del libro Memoria por correspondencia. Me contó que se trataba de una serie de cartas que Emma Reyes (Bogotá, Colombia, 1919 – Burdeos, Francia, 2003) le escribió al intelectual Germán Arciniegas, a quien conoció en París. En una primera ojeada, lo único que llamó mi atención fue el prólogo de la periodista argentina Leila Guerriero –Leona pura, leona oscura–.  

Para comenzar supe que la autora, a pesar de iniciarse tardíamente en la pintura, colaboró con el muralista mexicano Diego Rivera y ayudó a organizar la última exposición en vida de la pintora Frida Kahlo. Supe que se casó con el escultor Guillermo Botero y se separó de él, aunque más tarde le ayudó a montar su taller de arte en París. Gracias a una beca de la Fundación argentina Zaira Roncoroni se trasladó a París y luego a Italia, en donde hizo amistad con Alberto Moravia y Elsa Morante, entre otros, y viajó a Washington, contratada por la Unesco, para participar en la confección de cartillas de alfabetización para Latinoamérica.

Luego de leer el prólogo, me encontré, para mi sorpresa, entregada a la lectura de las veintitrés cartas que componen este libro.

Se trata de un texto autobiográfico: aquí la realidad supera cualquier ficción posible. Las cartas contienen relatos –algunos divertidos, otros increíbles– contados sin alardes, sin juicios ni valorizaciones y, lo más admirable y conmovedor, sin rencor. La de Emma Reyes es una prosa bien dosificada, con comienzos y cierres que hacen pensar que la autora es una escritora experimentada. Emma Reyes encarna las carencias de los más olvidados. Sin embargo, relata sin autocompasión, con la inteligencia de una mujer adulta ya conocedora del mundo, pero con el lenguaje y la mirada de la niña que lo vivió. 

En estos textos, publicados sin corrección alguna, se aprecia la autenticidad tal como sale de la pluma de una mujer que había adoptado como lengua el francés y que aprendió a escribir siendo ya mayor de edad. La imagino moviéndose sutilmente entre todos sus errores gramaticales, los cuales apenas pude notar por lo inmersa que estaba en lo que el texto transmitía. Sentía una energía desbordante orientada hacia la libertad, hacia el dominio de sí misma y hacia el disfrute de la vida. 

También está presente el humor en las cuitas de las cartas de la autora: “Cuando las monjas se fueron, yo le pregunté a Helena quién le había dicho a la superiora que éramos hijas de la señora María y del señor Dios” (Carta 11). También, de una maravillosa manera, el humor se presenta en la descripción del demonio en el convento, personaje favorito por ser el reverso de Dios en las prédicas de la Madre Superiora y en los sermones de los curas oficiantes de las misas. Son tales la elocuencia y el histrionismo con que se representa la presencia del demonio, que la sugestión no propicia solamente el miedo aterrador en las niñas, sino que, virtualmente, lo instala como un personaje cotidiano del convento que llega a encarnarse en el obispo y en una de las monjas. Estos son apenas un par de ejemplos.

“El Infierno era lleno de cavernas oscuras donde tenía encerrados animales terribles que nosotras no conocíamos pero que se llamaban leones, serpientes, caimanes y muchos otros, grandes y chiquitos, pero todos terribles. Si uno había pecado con los ojos, el Diablo le sacaba a uno los ojos con unas agujas calientes y, si había pecado con la boca, él le cortaba a uno la lengua en pedacitos. Nada ignorábamos del Diablo, además no nos lo dejaban olvidar…”. (Carta 14).

Al terminar el libro, el horror sigue temblando en la memoria, pero con un hilo de esperanza, anunciando que el sufrimiento del ser humano sólo puede curarse con el afecto o con la creación artística, que es otro acto de amor y tal vez el logro más alto de nuestra especie. 

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* Sobre la autora: Auria Plaza es escritora. Sus cuentos se pueden leer los domingos en el periódico El Quindiano, diario virtual. 

Para leer el prólogo “Leona pura, leona oscura”, escrito por Leila Guerriero, puedes seguir este enlace.

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